17 de Enero de 2017

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Alemania: tierra de asilo

Por el 21 de diciembre de 2016

“Hace dos mil años, el alarde más orgulloso era civis romanus sum [‘soy ciudadano romano’]. Hoy día, en el mundo libre, el alarde más orgulloso es ‘Ich bin ein Berliner!’… Todos los hombres libres, dondequiera que vivan, son ciudadanos de Berlín, y por lo tanto, como un hombre libre, me enorgullezco de las palabras ‘Ich bin ein Berliner!’”, pronunció el presidente John F. Kennedy el 26 de junio de 1963 en Berlín occidental, a donde acudió en muestra del respaldo estadounidense a Alemania ante el asedio y bloqueo ruso en Berlín oriental.

Y es que Berlín, más que la actual capital de Alemania, es símbolo de la tolerancia, la paz y la unión en el mundo. Berlín es la ciudad del muro, la ciudad capital de la guerra que arrasó Europa y que se erigió en tiempos modernos en el centro de mando de un propósito ideológico único: la solidaridad.

Desde la caída del muro de Berlín que dividió Europa y el mundo en dos opuestos unipolares, excluyentes y de facto en guerra y vigilancia, Berlín fue la casa que arropó a los rusos en busca de “PACE” tras la caída aparatosa y abrupta de la Unión Soviética.

Berlín fue la ciudad prometida que acogió a numerosos yugoslavos llegados de los Balcanes tras el desmembramiento caótico de la antigua Yugoslavia. Y es que Berlín es la ciudad magna, la cara amable de Alemania ante Europa y el mundo, su ciudad cultural por excelencia y su buque insignia de acogida, “Love Parade” incluido.

Los de ahora, son tiempos donde cunde el miedo y el terror se apodera de cada una de nuestras actuaciones, de cada uno de los textos y de los “breaking news”. No tan solo en San Juan y Orlando, también en París, Londres y Bruselas, y desde luego, ahora Berlín, ciudades que sufren en sus propias carnes una barbarie que ya se ha convertido en frecuente en Líbano, Turquía, Yemen, Somalia y Nigeria. El terror no tiene patria, el dolor no conoce fronteras.

El 7 de julio de 2005, la capital británica sufría en sus fueros el terror a través de unos atentados múltiples a su sistema de transporte que dejó a 52 personas muertas y a más de 700 heridas. El horror y la barbarie se apoderaban de las calles de Londres. Berlín provocó solidaridad.

Más recientemente, a principios de enero de 2015 un semanario francés se vestía de luto junto a todo un país. El ataque a Charlie Hebdo desató la solidaridad de Berlín, que sufría como propios los ataques a la libertad de expresión en suelo francés. Doce personas muertas y once personas heridas producto de esta barbarie. Berlín provocó solidaridad.

Posteriormente, a mitad de noviembre de 2015 la capital francesa vivía una de las múltiples jornadas de terror acontecidas en tiempos contemporáneos. Una serie de ataques coordinados desató la barbarie en el Estadio de Francia, al que le siguieron múltiples disparos a comensales en cafés y restaurantes, hasta la toma de rehenes y posterior asesinato en masa de personas durante un concierto en la Sala Bataclan. Estos sucesos tuvieron el trágico desenlace de 130 personas muertas y 368 heridas. Berlín provocó solidaridad.

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Luego concurrieron los lamentables sucesos de Bruselas, donde unos atacantes suicidas hicieron estallar bombas en el aeropuerto internacional de la capital de Europa, matando a 35 e hiriendo a 300. Berlín provocó solidaridad.

La historia de esta vieja capital europea llamada Berlín, está llena de sucesos trágicos, lamentables, dolorosos y tristes, mas es en esta ciudad donde yace el sentimiento solidario más noble. Esa solidaridad que nace de conocer el hambre, esa solidaridad que nace de conocer el horror, esa solidaridad que nace de conocer el terror. Por eso Berlín es hoy el buque insignia que acoge refugiados sirios en Europa, es la ciudad que abre sus puertas para todos y por todos, es la ciudad que dice que la dignidad de cada persona es sagrada.

Esta semana, mientras unas personas decidían disfrutar de la época navideña, un bárbaro decidió que el odio podía ser más fuerte que la tolerancia, que el odio podía ser más grande que la razón, que el odio podía ser más poderoso que el amor.

Hoy, Berlín provoca solidaridad y la ciudad de la “Love Parade” necesita que nos arremolinemos como ella lo hizo con Duisburgo en 2010. Hoy, Berlín pide al mundo que nuevamente le mire como en 1990 para volver a ser libres y unidos hombro con hombro, Berlín quiere volver a exclamar: “Nunca sin Europa. Nada sin Francia. Siempre juntos”.

 

El autor es economista y abogado carolinense de origen ponceño. Fungió como director de la Comisión de Relaciones Laborales, Asuntos del Consumidor y Creación de Empleos en el Senado de Puerto Rico.  Posee un bachillerato en Finanzas de la Universidad de Puerto Rico, licenciatura en Economía de la Universidad Complutense de Madrid, maestría de la Escuela de Negocios de Barcelona y Juris Doctor de la Universidad Interamericana.

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