22 de Septiembre de 2017

[COLUMNA] Economía y política

Por el 17 de agosto de 2017

Todos en Puerto Rico están de acuerdo en una cosa: que la causa de la terrible crisis económica y fiscal es “la política puertorriqueña”.

Así que fue un rayo de esperanza cuando la semana pasada el gobernador Ricardo Rosselló creó un nuevo grupo —Frente Por Puerto Rico, representando a los diferentes sectores de la isla— para llevar propuestas al Congreso con “una sola voz”.

Según expresó Rosselló, el grupo “dejará a un lado la política partidista” llevando al Congreso “iniciativas que van más allá de las discusiones partidarias aquí […] que nos permiten ser más competitivos”. Veamos esto más de cerca y enfoquémonos en una sola palabra: “competitivos”.

“Esta isla entró en crisis porque perdió su competitividad. Y la perdió debido a las políticas y las acciones destinadas a rehacer la economía de la isla para que fuera compatible con la estadidad”.

Para que la economía puertorriqueña pueda crecer, debe competir para obtener nuevas inversiones. Compite en todo el mundo, pero vinculado a la economía de Estados Unidos debe competir con los estados de la nación.

A mediados del siglo 20, Puerto Rico fue admirado y emulado por lo agresivo, creativo y exitoso que fue en esta competencia. Puerto Rico ofrecía poderosos incentivos. Uno de ellos era costos de mano de obra más bajos que en los Estados Unidos. El más poderoso fue la exención de impuestos federales. Puerto Rico era competitivo precisamente porque ningún estado podía ofrecer esto.

La política contributiva de Estados Unidos siempre ha sido esencial para el desarrollo de Puerto Rico. La isla siempre ha estado exenta de impuestos federales. En el 1921 —pensando principalmente en las inversiones estadounidenses en Filipinas pero extendiéndolo también a Puerto Rico— el Congreso aprobó la Sección 931 que le permitió a las inversiones estadounidenses en Puerto Rico repatriar sus ganancias sin pagar impuestos bajo ciertas restricciones.

Y en el 1976, el Congreso aprobó la Sección 936, eliminando esencialmente esas restricciones y dándole a Puerto Rico una ventaja competitiva aún mayor. La isla atrajo miles de millones en inversiones de alta tecnología —principalmente en la industria farmacéutica— creando miles de empleos.

Se hizo evidente cuán importante era esta competitividad, pero Puerto Rico aprendió a las malas cuando el Congreso eliminó la Sección 936 en el 1996 y al expirar en 2006, la economía de la isla dejó de crecer, comenzó a decaer y entró en crisis.

Hoy día, cuando veo en C-Span a los gobernadores estadounidenses dar sus ponencias ante los cuerpos legislativos, me impresiona el mucho tiempo que le dedican a sus esfuerzos para atraer inversiones a sus respetivos estados. Es obvio que muchos de ellos ven esto como su tarea más importante. La competencia jamás había sido más difícil. Así que volvamos al nuevo grupo de Rosselló.

Por años, el Gobierno de Puerto Rico y el sector privado han instado al Congreso a restaurar la competitividad de Puerto Rico aprobando un sustituto para la Sección 936. El gobernador por el Partido Nuevo Progresista (PNP), Luis Fortuño, propuso enmendar la Sección 933a del Código de Rentas Internas de Estados Unidos. En 2016, el gobernador por el Partido Popular Democrático (PPD), Alejandro García Padilla, propuso la enmienda de la Sección 245a que le brindaría un 85% de exención de impuestos federales a los ingresos que las corporaciones estadounidenses repatriaran al continente.

Entonces, ¿qué hace diferente al nuevo grupo de Rosselló? La frase “una voz”. Si se quiere que cualquier propuesta tenga algún tipo de oportunidad en el Congreso, no debe ser vista como partidista.

Pero en Puerto Rico, “la política” significa más que un asunto partidista: significa “política de estatus”. Por lo tanto, el sector privado siempre ha insistido en que las propuestas sean “neutrales en cuanto a estatus”. Que no sea juzgadas a base de si son pro-Estado Libre Asociado (ELA) o pro-estadidad sino a base de si funcionan o no.

Pero hay un problema. La exención de impuestos federales no es posible bajo la estadidad; la Sección 936 era posible solamente bajo el estatus del ELA. Así que los estadistas convencieron al Congreso de que la eliminara, oponiéndose a ella porque era “incompatible con la estadidad”.

Un factor clave de la competitividad de Puerto Rico en cuanto a sus costos de mano de obra fue resultado de la legislación federal que le dio a la isla un trato especial en el salario mínimo federal con el fin de proteger los trabajos locales. También considerado como “incompatible con la estadidad”, los estadistas lograron que el Congreso eliminara el trato especial.

Los estadistas han argumentado desde hace mucho tiempo —y siguen haciéndolo al presente— que en el pasado fue y que continúa siendo un error depender de la exención de impuestos para atraer inversión. Sostienen que existen otros “modelos económicos”, tales como uno que dependa más del turismo, como el del estado de Hawái.

Pero una vez más, fijémonos en la competitividad. Hawái está rodeado de miles de millas de mar abierto. A Puerto Rico lo rodean cientos de bellas islas con hermosas playas que le están haciendo competencia con costos laborales y operacionales más bajos.

¿Pero no hay muchas otras cosas que Puerto Rico puede hacer para hacerse más competitivo? Por supuesto que sí. Sin embargo, ¿dónde está la ventaja competitiva si Puerto Rico solo es capaz ofrecer incentivos que los demás estados también pueden ofrecer? Y uno no debe pasar por alto que, en comparación con los estados, Puerto Rico tiene algunas ventajas y muchas desventajas —lo cual es precisamente por qué solo funcionarán los incentivos que sean lo suficientemente poderosos como para superar las desventajas.

Sí, la mala política produce mala economía. Y ese ha sido el caso en Puerto Rico. Pero seamos concretos. Hay una razón específica detrás de la crisis de Puerto Rico. Esta isla entró en crisis porque perdió su competitividad. Y la perdió debido a las políticas y las acciones destinadas a rehacer la economía de la isla para que fuera compatible con la estadidad.

Creo que Puerto Rico no encontrará la forma salir de la crisis a menos que se libere de esta camisa de fuerza a nivel político e ideológico que nos metió en este lío.

¿Lo logrará el nuevo grupo apolítico de Rosselló? Es poco probable, pero uno debe guardar la esperanza de que lo hará. La esperanza que paradójicamente viene de saber que la alternativa es terrible: la inevitable tragedia puertorriqueña de no poder salir de la espiral económica.

A.W. Maldonado fue reportero y columnista en The San Juan Star, editor ejecutivo de El Mundo y editor en jefe de El Reportero.

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