17 de Noviembre de 2017

[COLUMNA] Esto es raro

Por el 28 de agosto de 2017

La semana pasada, cuando el gobernador Ricardo Rosselló Nevares le tomó juramento a los dos “senadores” y cinco “representantes” que el estado de Puerto Rico enviaría al Congreso, a la Comisión de Igualdad que irá a Washington y traerá de vuelta la estadidad, lo que me vino a la mente fue: esto es raro.

Primero, ¿no debería el gobernador, el capitán de un barco que se hunde, dedicar todo su tiempo a salvar al pueblo para que no se ahogue?

Primera reunión de la Comisión de Igualdad: 15 de agosto (Suministrada)

¿Acaso Rosselló Nevares y el Partido Nuevo Progresista (PNP) no llevaron a cabo un plebiscito de estatus el 4 de junio para que el propio pueblo de Puerto Rico le pidiera al Congreso la estadidad? ¿Acaso fue un terrible fracaso? Aunque se esperaba que más del 70% de los votantes acudiera a las urnas, ¿cómo es que solo el 23% votó? ¿No obtuvo la estadidad 332,000 votos menos que en el plebiscito de 2012? Entonces, ¿por qué la gente no le vociferó al capitán: ‘atiende la nave que se hunde’? Esto es raro.

Ahora bien, ¿no creó el gobernador otro grupo, el apolítico Frente por Puerto Rico, precisamente para convencer al Congreso de que debía impedir que la isla se ahogara? Y para revivir el crecimiento económico, ¿no es esencial restablecer la competitividad de Puerto Rico? Y para lograr este cometido, ¿no es vital restaurar el incentivo contributivo a la inversión que la isla perdió, aprobando un sustituto para la Sección 936?

Pero el presidente de la Comisión de Igualdad es Pedro Rosselló Gonález: el padre del actual gobernador y también exgobernador de la isla. ¿Y no fue él quien en 1996 cabildeó en el Congreso para eliminar la Sección 936? Y junto él estaba el exgobernador Carlos Romero Barceló. ¿No es él quien ha llevado a cabo una cruzada vitalicia precisamente en contra todas las formas de incentivos de exención contributiva, comenzando con la 936? ¿Y no acaba él de publicar una columna de periódico diciendo que cada exención contributiva otorgada por el gobierno de Puerto Rico durante los últimos 50 años ha sido ilegal e inconstitucional?

¿Cuáles son las posibilidades de que ellos traigan la estadidad a la isla? Una reciente encuesta nacional mostró que solo el 32% del pueblo estadounidense apoya la idea de convertir a Puerto Rico en un estado. Más allá de eso está la realidad económica. Los estadistas, por supuesto, no lo creen, pero la realidad es que la estadidad es económicamente imposible. La respuesta es: ninguna.

Así que el gobernador Rosselló Nevares está enviando a Washington una comisión que tiene una misión imposible; pero eso debilitará, si no anulará, la misión del otro grupo que es vital para evitar que Puerto Rico se ahogue. Esto es raro.

Pero si hacemos un poco de investigación, la cosa se pone más rara. En el 1973, Romero Barceló escribió un libro titulado “La estadidad es para los pobres”. La tesis es que Puerto Rico no es un estado debido a una gigantesca conspiración. Las corporaciones estadounidenses conspiran con el Partido Popular Democrático (PPD) para obtener grandes ganancias en la isla, evitando pagar impuestos federales y pagando salarios más bajos.

Treinta y cuatro años más tarde, en 2007 y después de cumplir dos cuatrienios como gobernador, Rosselló González escribió un libro que abundó en la teoría de Romero Barceló y se tituló “El triunvirato del terror”. Rosselló González añadió otros conspiradores: las fuerzas armadas estadounidenses, grupos racistas antihispánicos y otros intereses estadounidenses que han logrado que el secretario de Justicia de los Estados Unidos y el FBI en Puerto Rico “criminalicen el movimiento estadista” persiguiendo a los líderes de la estadidad.

Y añade lo que él llama “la élite económica criolla”: ricos y poderosos “imperios económicos” puertorriqueños que se benefician enormemente de que Puerto Rico no sea un estado.

Ahora bien, Rosselló González pregunta: ¿no resulta contradictorio que la élite puertorriqueña apoye y mantenga el “colonialismo” —que para él es una forma de esclavitud— si al hacerlo se niega a sí misma derechos políticos fundamentales?

No, escribe él. Durante la esclavitud en el sur de Estados Unidos había “esclavos domésticos” a los que se les daban privilegios y servían a sus amos blancos manteniendo la opresión de los “esclavos de campo”. Y continúa diciendo que en los campos de concentración nazi, algunos prisioneros recibieron privilegios y a cambio sirvieron como “capos”, fungiendo como habilitadores y ejecutores de sus maestros nazis.

Rosselló González menciona nombres: el imperio mediático Ferré-El Nuevo Día, el conglomerado Richard Carrión-Banco Popular, el imperio Jaime Fonalledas-Plaza Las Américas, y otras grandes empresas.

¿Realmente los está comparando con “esclavos domésticos” y con “capos” de los campos de concentración nazi ? Sí, lo hace. Él escribe que por supuesto existen diferencias, pero que “los componentes de la élite económica criolla desempeñan el papel tradicional de los ‘esclavos domésticos’ y los ‘capos’”. ¿No es raro todo esto?

Pero, ¿por qué tomar en serio estas raras teorías de conspiración? Porque para Romero Barceló y Rosselló González, gobernadores de Puerto Rico durante 16 años, no fue una teoría. Era la realidad: Puerto Rico no es un estado debido a una monstruosa conspiración. Y esto explica sus políticas y sus acciones para rehacer la economía puertorriqueña de manera que fuera compatible con la estadidad.

El origen de la crisis de Puerto Rico se remonta directamente a estas políticas y acciones de Rosselló González como gobernador y de Romero Barceló como comisionado residente en el Congreso entre 1992-2000. La más perjudicial —y por mucho—fue matar la competitividad de Puerto Rico para que el Congreso matara la Sección 936.

Pero hicieron mucho más daño. Las finanzas del Gobierno quedaron en la ruina gastando miles de millones de dólares en proyectos sin fuente de pago, miles de millones en elefantes blancos como el Tren Urbano, en el plan de Salud que causó enormes déficits presupuestarios y en la ley para sindicalizar a los empleados gubernamentales. Y hubo corrupción.

Si Rosselló González dedicó buena parte de su libro a atacar las empresas Ferré, eso no debe sorprender a nadie. Él cita a Antonio Luis Ferré —fundador y editor de El Nuevo Día y, por cierto, quien ayudó a su padre a fundar el Partido Nuevo Progresista— cuando escribió en 2000 que los ocho años del mandato de Rosselló padre fue “el periodo más corrupto de la historia puertorriqueña. En 100 años no ha habido un gobierno tan corrupto como el de Pedro Rosselló”.

Se puede añadir algo a esta oración. En 100 años ningún gobierno le ha hecho más daño a Puerto Rico que el de Pedro Rosselló.

Y no, no existe una conspiración. Puerto Rico no es un estado debido a la realidad económica. Pero Rosselló González y Romero Barceló son enviados a Washington asegurándole al pueblo de Puerto Rico que la Comisión de Igualdad traerá la estadidad en cinco años. Esto es raro.

 

A.W. Maldonado fue reportero y columnista en The San Juan Star, editor ejecutivo de El Mundo y editor en jefe de El Reportero.

 

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