24 de Octubre de 2017

[COLUMNA] La causa de la crisis

Por el 23 de Junio de 2017

Por más de un año, Puerto Rico ha sido un tema destacado en los Estados Unidos y en parte de los medios de comunicación en el mundo. Algo extraordinario ocurrió en esta pequeña isla del Caribe. Dejó de ser un mundialmente conocido “milagro económico” para convertirse un caso de locura económica conocido a través del mundo.

La explicación fácil y obvia es que los “políticos” de los partidos Nuevo Progresista y Popular Democrático fueron criminalmente negligentes, gastando irresponsablemente el gobierno de la isla hasta llevarlo a la quiebra.

Esto es cierto, pero falta algo. La prueba del delito. Y sí hubo prueba del delito.

El 23 de mayo de 2017, El Nuevo Día publicó una columna titulada “El fracasado modelo económico”.

Para el exgobernador Carlos Romero Barceló, la causa de la crisis de Puerto Rico se expresa en dos palabras: exención contributiva. “El núcleo del [fracasado] modelo económico ha sido ofrecerle exención contributiva a las compañías que establecen fábricas”.

Esto no es nada nuevo. Muchos economistas, tal vez la mayoría, se han opuesto a la exención contributiva para promover la inversión. El último gobernador estadounidense de Puerto Rico, Rexford Tugwell, un famoso e influyente economista, se opuso a ella y de hecho en el 1944 vetó un proyecto de ley de exención contributiva en la isla. Al líder político de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín, no le gustó —de hecho, nunca lo hizo— y encaró la oposición militante del principal economista de su gobierno, el secretario Hacienda, Sol Luis Descartes.

En el 1948, Teodoro Moscoso convenció a Muñoz para que al menos probara la exención contributiva con el propósito de industrializar la isla y sacarla de siglos de enorme pobreza.

A través de los años, Moscoso tuvo un planteamiento para contrarrestar los muchos argumentos en contra: funcionó. Pero aún, en los años 50 y 60, cuando todo el mundo pudo ver que funcionó, cuando bajo la administración de Moscoso, Fomento produjo el despunte económico de Puerto Rico, el “milagro económico”, Moscoso se vio forzado seguir convenciendo a Muñoz y a muchos otros.

En el 1972, Moscoso recibió una solicitud del gobernador estadista Luis A. Ferré.

¿Intentaría convencer a alguien más? En este momento, ¿por qué tenía que convencer a alguien? En el 1961, el presidente Kennedy lo nombró para organizar y dirigir el gran programa Alianza para el Progreso, inspirado en y reproduciendo la Operación Manos a la Obra de Puerto Rico. Incluso Rexford Tugwell estaba convencido ahora, tildando al programa de Fomento como “una de las maravillas de la historia humana”.

Pero Moscoso aceptó intentar de nuevo y accedió reunirse con el alcalde de San Juan, Carlos Romero Barceló.

Se reunieron por espacio de dos horas. En una entrevista tras la reunión, Moscoso dijo que la cosa empezó mal. Romero comenzó a decir que estaban perdiendo el tiempo, que él estaba allí solo porque Ferré le pidió que lo hiciera. Todo lo que Moscoso dijo fue incapaz de convencer a Barceló de que la exención contributiva era precisamente lo que no funcionaba en la economía puertorriqueña.

De ahí en adelante empeoraron las cosas. Nada logró convencerlo. Y Moscoso quedó impresionado. Romero, una estrella en ascenso en la política de la isla, era conocido por su estilo contundente y directo y por sus opiniones fuertes. Y Moscoso parecía estar obsesionado con la exención contributiva: “… no cedió en absoluto. Solo pelea y pelea y nunca cede…”

Moscoso lo hizo bien. Romero llegó a tener una carrera política exitosa: fue dos veces alcalde de San Juan, dos veces gobernador, electo al Senado de la isla en el 1986, electo al Congreso en el 1992 como comisionado residente de Puerto Rico.

Y nunca dejó de pelear. Era, por supuesto, un líder estadista. Pero la batalla por la estadidad, la batalla contra el Estado Libre Asociado, estaba inexorablemente ligada a su oposición a la exención contributiva. Él lo explicó en su libro de campaña del 1972 Statehood is for the Poor (La estadidad es para los pobres): un ataque brutal a la exención contributiva —una trampa para sostener el estatus del ELA, un “mito” creado para eximir a las corporaciones estadounidenses de pagar impuestos, las corporaciones que a su vez financiaban al Partido Popular para mantenerse en el poder.

Todo esto victimizando a los pobres puertorriqueños, a los ingresos fiscales perdidos negándole a la gente los servicios vitales del gobierno y los beneficios de la estadidad.

Tras ser electo gobernador en el 1976, Romero trató de eliminar la exención contributiva local, pero la resistencia en gran parte proveniente de su propia administración convenció a la Legislatura para que solo redujera la exención.

Sin embargo, el 20 de agosto de 1996, en una ceremonia en uno de los jardines de la Casa Blanca, Romero obtuvo su mayor victoria. Él había estado haciendo campaña contra la Sección 936, la exención contributiva federal, desde que fue electo al Congreso en el 1992. A él se unió el gobernador Pedro Rosselló, quien había apoyado retener la 936 cuando fue electo en el 1992 pero ahora hacía una fuerte campaña en su contra.

Esa tarde, Clinton firmó una ley políticamente necesaria para aumentar el salario mínimo federal. Pero también eliminaba en 10 años la Sección 936. Clinton, de hecho, reconoció que para Puerto Rico esto fue un error: “Esta legislación ignora las necesidades de nuestros ciudadanos en Puerto Rico, poniéndole fin ahora a los incentivos para nuevas inversiones y eliminando gradualmente los incentivos para las inversiones existentes”.

Clinton tenía razón. Las consecuencias eran evidentes. La biografía de Moscoso que escribí en el 1997 terminó declarando que cuando Clinton firmó el proyecto de ley, “la era de la Operación Manos a la Obra llegó a su fin”.

Y así lo hizo. Puerto Rico perdió el poderoso incentivo que utilizó para atraer a la industria farmacéutica y otras industrias de alta tecnología. Con la manufactura generando más del 40% de la economía de la isla, no había ningún misterio: si apagas el motor del crecimiento económico, no hay más crecimiento económico.

La mayoría de los artículos sobre la crisis de Puerto Rico señalan correctamente que la economía de la isla comenzó a declinar en 2006, año en que culminó la eliminación de la Sección 936. Y apuntan al Congreso.

Pero había una razón para que el Congreso la eliminara. Siempre hubo oposición a la Sección 936 como parte de la oposición general a la exención contributiva como un incentivo para la inversión.

Pero el Congreso no actuó hasta que el Gobierno de Puerto Rico, el gobernador Rosselló y el comisionado residente Romero argumentaron que la 936 era mala para Puerto Rico: el “modelo económico” equivocado.

Fue precisamente el argumento en el artículo de Romero con fecha del 23 de mayo de 2017. Los puertorriqueños y muchos otros se preguntan si en algún momento reviviremos nuestro crecimiento económico. Es importante saber qué lo mató. Ahí está. La prueba del delito.

 

A.W. Maldonado fue reportero y columnista en The San Juan Star, editor ejecutivo de El Mundo y editor en jefe de El Reportero.

 

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  • Yotedigo

    Romero y Roselló son los causantes de esta crisis.

  • Un Antillano

    El escrito esta bien pero en algunos parrafos confunde e intercambia los nombres de Romero Barcelo y Teodoro Moscoso, pero esta bueno el articulo.