17 de Agosto de 2017

[COLUMNA] ¿Qué tan mal andamos?

Por el 20 de Julio de 2017

¿No resulta exagerado decir que Puerto Rico está en la peor crisis de su historia? ¿Qué hay de San Ciriaco? El 8 de agosto del 1899 el huracán cobró la vida de 3,000 puertorriqueños, mató la economía y arrasó con las fincas de café.

¿Y qué de San Felipe, que el 28 de septiembre del 1928 dejó a medio millón de puertorriqueños indigentes y en peligro de morirse de hambre?

¿Y qué del 1942, cuando la presencia de submarinos nazis en el Caribe prácticamente paralizó los envíos hacia y desde Puerto Rico y el gobernador Rexford Tugwell le advirtió al presidente Roosevelt que la isla se estaba quedando sin comida?

Y no pasemos por alto el 1973, cuando una guerra en el distante Oriente Medio colapsó la multimillonaria industria petroquímica de la isla y casi colapsó las finanzas del Gobierno.

Sí, a lo largo de los 524 años de nuestra historia han habido muchas crisis. Pero, echémosle un vistazo a dicha historia.

Primero, en cada una de estas crisis había la expectativa de recuperación. Cuando la economía era agrícola, la tierra se recuperaba. La Segunda Guerra Mundial tuvo que terminar algún día. Y en la crisis del 1973, Puerto Rico confiaba en que se trataba de una interrupción temporera a dos décadas de crecimiento económico.

Vale la pena repetir esto. El Gobierno y la junta están diciendo en su proyección que hasta 2026 prácticamente no habrá crecimiento económico. (Ricardo Arduengo/AP)

Cuando el gobernador Alejandro García Padilla y el comisionado residente Jorge R. Pierluisi, de partidos políticos opuestos, fueron al Congreso en 2016 para que se creara la Junta de Supervisión y Manejo Fiscal bajo Promesa, ello fue una confesión urgente y hasta llena de pánico de que Puerto Rico había llegado a un callejón sin salida. Era preciso detener el sangrado. Eso es lo que están haciendo la junta y la administración del gobernador Ricardo Rosselló: recortando costos y aumentando los ingresos para balancear el presupuesto en dos años.

Por supuesto, la recuperación no es posible a menos que se detenga el sangrado. Pero detener el sangrado, por sí solo, no hará que la economía se recupere. Así que la pregunta fundamental es: ¿cómo se recuperará Puerto Rico? Y la escalofriante realidad, creo yo, es que nadie lo sabe.

Echemos un vistazo a las proyecciones hechas por el Gobierno de la isla y la junta, tal como se publicó recientemente en un periódico local.

La economía de Puerto Rico ha estado decayendo por espacio de 10 años. En este año fiscal de 2017 se estima que disminuyó alrededor del 2%. El Gobierno y la junta están proyectando que la cosa no pinta bien y continuará empeorando: una disminución de 4% en 2018 y 3.4% en 2019.

En otras palabras, la economía se reducirá en estos tres años, del 2017 al 2019, el doble de lo que lo hizo en los últimos seis años de recesión. Pero peor aún, el Gobierno y la junta están proyectando que el descenso no terminará hasta el año fiscal 2024. Seis años más de recesión.

Y luego están proyectando un aumento de 0.1%. en 2024. Así es: 0.1%. Después, 0.5% en 2025 y 1.0% en 2026.

Vale la pena repetir esto. El Gobierno y la junta están diciendo en su proyección que hasta 2026 prácticamente no habrá crecimiento económico.

Elías Gutiérrez, veterano economista y profesor de la UPR, escribió en una reciente columna que todo se reduce a “una insuficiencia de capital […] para sostener el nivel de vida y los niveles de consumo” al que los puertorriqueños están acostumbrados y anticipan tener.

Puerto Rico necesita una enorme cantidad de capital para revivir el crecimiento económico. Pero, ¿de dónde vendrá? Obviamente ya no es posible sangrar el Gobierno en quiebra de la isla. Un aumento masivo en los fondos federales provenientes de Estados Unidos—o sea, un “rescate” federal—es soñar con pajaritos preñados. De todos modos, sabemos que los fondos federales—unos $7,000 millones al año—tan vitales como son, no producen crecimiento sino mayor dependencia.

El Gobierno solamente recuperará su crédito y podrá pedir prestado una vez más cuando se reanude el crecimiento económico. Entonces, ¿de dónde provendrá este enorme capital?

Para subrayar la palabra “enorme” veamos una estadística adicional. Cuando la crisis comenzó en 2007 habían 1,232,000 empleos en la isla. En el año fiscal 2016 habían 895,200.

Recuperación significa, cuanto menos, recuperar los 336,800 empleos perdidos. Pero realmente significa mucho más. ¿Cuántos más empleos se perderán antes del final previsto de la recesión? De hecho, ¿cuántos empleos dejaron de crearse en los 17 años de deterioro económico?

Entonces, ¿qué tan mal andamos? Hay dos diferencias fundamentales entre esta crisis y las del pasado.

En el pasado, cuando la isla fue devastada por los huracanes, la gran mayoría de los puertorriqueños no conocía nada más que la extrema pobreza. Hoy, como señala Gutiérrez, los puertorriqueños están acostumbrados a, y hasta anticipan, su alto nivel de vida y nivel de consumo. Perderlo será doloroso y traumático de una manera nunca antes experimentada en Puerto Rico.

La otra diferencia es que nuestra crisis no es el resultado de la violencia destructiva de la naturaleza o de la violencia de la guerra.

Puerto Rico lo sabe—y si no lo sabe, debería saberlo—que esta es la peor crisis porque, en primer lugar, nos la impusimos a nosotros mismos.

Como señala Gutiérrez: “Estamos decididos a desempeñar el papel de víctimas. Buscamos culpables hasta debajo de las piedras. No le hacemos frente a las consecuencias de nuestra propia irresponsabilidad”.

Y en segundo lugar, porque habiendo arruinado la economía por medio de malas políticas, malas decisiones y mal gobierno, nadie sabe cómo Puerto Rico logrará recuperarse. Nadie sabe cómo vamos a revivir el crecimiento económico. No, esta no es una exageración.

 

A.W. Maldonado fue reportero y columnista en The San Juan Star, editor ejecutivo de El Mundo, editor en jefe de El Reportero.

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