17 de Agosto de 2017

[COLUMNA] Una palabra sobre Trump

Por el 6 de Julio de 2017

Hay un creciente sentir en los medios de comunicación estadounidenses, en el Congreso y a través de Estados Unidos, de que “esto no puede continuar”. Como si estuvieras en un avión sobre el océano y te surge esa terrible sensación de que “algo anda mal” con el piloto en la cabina, de que no es “normal”.

La guerra del presidente Donald Trump con los medios de comunicación sigue en aumento. No solo ataca de frente a los “falsos medios noticiosos” sino que insulta a los periodistas. Y ahora muchos se están preguntando, con cierto pánico silencioso en sus ojos y en la voz: “¿Qué está pasando? Esto no es normal”.

Estoy haciéndole una predicción a mis amigos. Están en lo cierto, esto “no puede continuar”. Llegará a su fin. Trump no cumplirá su periodo completo de cuatro años como presidente.

La reacción es unánime: ¡De ninguna manera lo hará! Trump es un “narcisista patológico” que jamás renunciará porque nunca aceptará que es un “perdedor”. Y no será acusado ni declarado incapacitado por un Congreso republicano.

Si quieres realmente entender a una persona, si quieres definirla, debes intentar comprender —de todas las cosas importantes en su vida, en la parte más profunda de su ser— ¿qué es lo más importante? (AP)

El New York Times publicó una lista de “las 337 personas, lugares y cosas que Trump ha insultado en Twitter” desde que anunció su candidatura el 16 de junio de 2015 hasta el 29 de junio de 2017. Si descargas la lista verás que todos los insultos ocupan 26 páginas, en cinco columnas escritas con tipografía pequeña.

Ahora bien, si uno se toma la molestia de leer las 26 páginas —y estos no son todos los insultos de Trump, solo los que han aparecido en Twitter— ¿cómo no es posible sentir que “aquí algo anda mal, que esto no es normal”?

Por supuesto, se han escrito y expresado millones de palabras criticando y atacando a Trump. Pero volvamos a mi predicción. De estos millones de palabras, me enfocaré en una. Ha habido 14 presidentes a lo largo de mi vida y no recuerdo que nadie jamás haya usado la palabra “repugnante” para describir a cualquiera de ellos.

Echémosle un vistazo a dos de los insultos de Trump.

Cuando Trump quiso desquitarse con la periodista televisiva Megyn Kelly tras ella hacerle preguntas difíciles durante el debate presidencial de 2015, Trump no estuvo satisfecho con sus críticas habituales a los periodistas: que no son profesionales, que se equivocaron en sus datos, que están prejuiciados.

Eligió decir que ella había hecho preguntas difíciles porque estaba menstruando: “There was blood… coming out of her wherever”, dijo refiriéndose a que la mujer estaba sangrando. Piensa en ello. Eso fue repugnante.

A los seis meses de su mandato como presidente, Trump lo hizo de nuevo. Esta vez contra otra periodista de televisión: Mika Brzezinski. En respuesta a sus ataques, Trump dijo que ella se había aparecido en su fiesta de Año Nuevo en Mar-a-Lago “sangrando mucho tras un estiramiento de cara”.

Una vez más, piensa en ello. Eso era falso, al igual que lo fue su insulto a Kelly. Y también fue repugnante.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con la renuncia de Trump?

Si quieres realmente entender a una persona, si quieres definirla, debes intentar comprender —de todas las cosas importantes en su vida, en la parte más profunda de su ser— ¿qué es lo más importante?

Creo que para todos los presidentes anteriores, una vez que se convirtieron en presidentes, lo más importante en sus vidas era utilizar su gran poder para hacer el bien, no para hacerle daño a su país y al mundo. Claro, algunos lo hicieron y otros no.

Sabemos, por supuesto, que algunos de esos presidentes, o tal vez todos en un momento u otro, dijeron cosas fuertes, algunos recurrieron a insultos desagradables y personales, algunos usaron lenguaje grosero contra periodistas y otros críticos que les caían mal. Escuchen las grabaciones de Nixon.

Pero estoy seguro de que dijeron estas cosas creyendo que ellos —su lado oscuro— no serían expuestos al público; ciertamente no mientras estuvieran ocupando el cargo.

Tras seis meses ejerciendo su mandato, sabemos que Trump es diferente. Él tuitea sus insultos al mundo durante la madrugada. Él profiere insultos en eventos públicos, en conferencias de prensa y a menudo sin que se los soliciten. Él quiere, él necesita, que todo el mundo escuche sus insultos.

Sí, algunos conservadores y republicanos creen que Trump ha “hecho cosas buenas”. Están especialmente complacidos por su nombramiento de un conservador al Tribunal Supremo.

Pero muchos en el Congreso y entre los integrantes de su propia administración y su personal esperan —e imploran al Creador— que le ponga fin a su guerra obsesiva con los medios de comunicación. Que detenga sus insultos. Pero no lo ha hecho.

El reciente insulto repugnante hacia Mika Brzezinski llegó en el peor momento posible, socavando sus esfuerzos para conseguir que su propio partido sustituyera el Obamacare en el Congreso: nada más importante para los republicanos. Y uno pensaría, nada más importante para él.

Pero, ¿qué es lo más importante para Trump?

Charles Krauthammer, reconocido y admirado como “el decano de los columnistas conservadores”, es uno que ha descrito a Trump como un “narcisista patológico” y lo debe saber de buena tinta: Krauthammer fue un siquiatra exitoso antes de convertirse en columnista de periódicos y revistas.

Si eres un “narcisista patológico”, ¿qué es lo más importante para ti? Obviamente tú mismo. Por eso creo que en algún momento Trump opinará que la presidencia es tediosa, aburrida.

Cuatro años es mucho tiempo. Muy largo, demasiado largo, creo yo, para un “narcisista patológico”.

Sí, mis amigos tienen razón. No es imposible, pero es improbable que Trump sea acusado o declarado incapacitado.

Mi predicción es que en algún momento Trump se levantará una mañana y, en lugar de enviar otro insulto, pensará: ya me cansé, es tiempo de irme.

 

A.W. Maldonado fue reportero y columnista en The San Juan Star, editor ejecutivo de El Mundo y editor en jefe de El Reportero.

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  • Harry Narvaez Munet

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