14 de Diciembre de 2017

[CRÓNICA] Seamos como un manglar

Por el 9 de abril de 2017

Cinco de la mañana, mi cuerpo intentaba incorporarse tras solo dos horas de descanso por culpa de mi pasión por el deporte. En la madrugada, Puerto Rico había derrotado al campeón República Dominicana en el Clásico Mundial de Béisbol, ¿quién duerme después de eso?

Con dificultad me alisto para dirigirme hacia un lugar que, al final del día, le añadió una razón más por la que debo seguir enamorado de mi país. Una mochila y un dúo de Lauras me acompañó al destino final: la Reserva Natural Medio Mundo en los terrenos de la base Roosevelt Roads en Ceiba.

Nos tomó una hora llegar, sesenta minutos de contrastes entre la metrópoli y el bosque, 3,600 segundos de transformación sensorial, en preparación a un encuentro con la madre tierra guiado por la organización Para la Naturaleza, del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico. Una de las Lauras me había adelantado que iba a mojarme y a sudar copiosamente en el recorrido, así que fui preparado con traje de baño, tenis y una muda de ropa adicional. La segunda Laura completó el kit de viaje con bloqueador solar, “munchies” y una cámara GoPro que, por alguna razón, terminé como un burrito cargando en mi bulto.

Tras una orientación sobre lo que sucedería ese día, Antonio nos guió en una guagua a través de un segmento de las 3,000 cuerdas que componen el área protegida.  Este extenso terreno alberga humedales, praderas de yerbas marinas, riberas, estuarios, bosques de mangle (el segundo más grande de Puerto Rico), entre otros diversos ecosistemas. Además, es hogar de un sinnúmero de especies, algunas de estas en peligro de extinción.

De la comodidad del aire acondicionado nos trasladaron al humedal Los Machos para conocer los diferentes tipos de mangle (blanco, rojo, botón y negro). Con cámara en mano lo documenté todo, la costa blanda y oscura, el cristalino cuerpo de agua con aves posándose sobre este y todos los instrumentos de trabajo que los voluntarios de la entidad sin fines de lucro utilizan para estudiar la zona.

Una muestra limnológica desveló lo que mi cuerpo ya sabía: 95 grados de temperatura y 0.00 de velocidad del viento. Un “selfie” me hizo reír, pues mi frente era muy semejante a los cristales de sal que cubren las hojas alargadas y lanceoladas que predominan en el mangle negro.

(Rafelli González/CB)

(Rafelli González/CB)

La sed y el sudor se apoderaron de mí. Como buen puertorriqueño, comencé a maquinar una visita impromptu a la playa más cercana.  No hizo falta luego de la segunda y última parada. El humedal Los Machos y sus canales tenían otros planes.

Por casi dos horas cruzamos en kayak por una de las vistas más maravillosas que he presenciado. Se trata del mangle enano, ecosistema considerado de los únicos en el mundo. Remo a remo nos adentramos a la diversidad, a la vida marítima, al balance y a la paz que la belleza de nuestra tierra aun nos regala, gracias a la lucha comunitaria y su férreo llamado a la protección de nuestros recursos naturales.

(Rafelli González/CB)

(Rafelli González/CB)

Al final del día y ante la hermosura de la playa El Columpio en Ceiba, reflexioné sobre mi pasión por mi patria. Me propuse que protegería mi tierra con la misma intensidad que me provoca ver un equipo deportivo puertorriqueño representándonos ante el planeta.

Esa emoción efímera, ese amor patriótico y desenfrenado que nos hace teñirnos el cabello de rubio debe transformarse en acciones concretas y duraderas en pro del medioambiente. Seamos perseverantes como un manglar, tolerantes ante la adversidad, entusiastas de la diversidad y emisarios de la productividad. Ese debe ser el plan.

Para más información sobre este y otros recorridos de Para La Naturaleza, acceda a www.paralanaturaleza.org

 

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