25 de Marzo de 2017

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[EDITORIAL] Cuando Steve conoció a Ricky

Por el 4 de marzo de 2017

La reunión del gobernador Ricardo Rosselló con el secretario del Tesoro estadounidense Steve Mnuchin la semana pasada es parte de una iniciativa más amplia impulsada por el gobierno de Puerto Rico al entrar en una coyuntura crítica en la carrera de la Ley para la Supervisión, Gerencia y Estabilidad Económica de Puerto Rico (Promesa por sus siglas en inglés). Rosselló intenta abrirse paso al llegar a la marca del primer cuarto de milla —tratando de obtener ayuda financiera del Tesoro estadounidense— aunque la Junta de Supervisión y Administración Financiera (FOMB por sus siglas en inglés) recomendó que no se buscara financiamiento a corto plazo.

Esta fue la segunda vez que la administración de Rosselló argumentó a favor de crear un vehículo que traería la tan necesaria liquidez a Puerto Rico. Primero lo hizo en reuniones celebradas en Nueva York en enero. El mensaje de los republicanos en esta coyuntura ha sido consistente: “Te dimos esa Ley Promesa, ahora usa sus disposiciones sabiamente” —claro, como si alguien pudiera tener sabiduría en cuanto a una ley distinta a todas las aprobadas en el Congreso hasta la fecha.

Cumplir con las fechas límite en total conformidad con las exigencias de la junta de supervisión es un ejercicio lleno de dificultades que se remonta a los eufemismos en su lenguaje. Por ejemplo, Promesa utiliza la palabra “territorial”, haciendo tácitamente claro que la ley federal es solo para los territorios, evitando así que un sinnúmero de municipios en aprietos económicos toquen a las puertas del Congreso solicitando ayuda.

En vista de que los representantes en el Congreso hablan con lenguas viperinas, también se encargaron de hacer hincapié en que la junta es una de “supervisión” y no una junta de control —una vez más, para enfatizar que esta junta de control no está tratando a Puerto Rico como una colonia.

Rossello-Mnuchin

El Gobernador Ricardo Rosselló y el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos Steve Mnuchin (Suministrada)

El juego de palabras —llamémoslos eufemismos Congresionales— que disimula las afrentas del colonialismo ha dado espacio para un juego donde la junta le está diciendo con el dedo “no nene, no” a Elías Sánchez, el representante sin voto de Rosselló en la junta a raíz de su discurso envalentonado en cuanto a los verdaderos poderes del gobierno de Puerto Rico en este sumiso estado.

Recientemente, los borradores de planes fiscales de cinco entidades —la Autoridad de Energía Eléctrica, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, el Banco de Desarrollo Gubernamental, la Autoridad de Carreteras y Transportación y la Corporación Pública para Supervisión y Seguro de Cooperativas de Puerto Rico (Cossec)— fueron enviados a La Fortaleza previo a su entrega final a la junta de supervisión el 21 de febrero. Sin embargo, el procedimiento requería que se entregaran directamente a la junta de supervisión. Una persona con conocimiento del protocolo de la junta le dijo a Caribbean Business que los miembros de la junta optaron por pasar por alto el error de procedimiento para “centrarse en el gran premio”: la entrega del plan fiscal del gobierno central el 28 de febrero.

Cuando usted lea este escrito, la junta de supervisión estará inmersa en la poco envidiable tarea de evaluar un plan que la administración de Rosselló insinuó que estará manchado por brechas fiscales que se anticipa tomen más de los dos años que la junta estableció como fecha límite para lograr el balance estructural. La junta ha insistido en cerrar la brecha inmediatamente puesto que debe cumplir con las estipulaciones de Promesa. Fuentes que asesoran a la junta han insinuado que aunque puede haber cierta flexibilidad en el camino hacia un presupuesto balanceado, establecer una meta de cinco años es inaceptable.

Cuando este periódico se iba a imprenta, fuentes dijeron a Caribbean Business que el plan fiscal estaría repleto de conjeturas y proyecciones, incluyendo escenarios en el ámbito de la salud que contemplan lograr paridad en fondos Medicaid —pensando en pajaritos preñados, lo cual probablemente no le plazca a la junta. El asesor de Promesa que habló bajo condición de anonimato explicó que “la isla recibió $5,700 millones a través de siete años y se gastaron en un abrir y cerrar de ojos. Podemos recibir otros mil millones el próximo año y eso no solucionaría el problema. Necesitamos poner nuestra casa en orden”.

Él tiene razón, una inyección no cura la enfermedad sino que prolonga nuestra pobre salud económica. Mientras más rápido nos ocupemos de los verdaderos problemas subyacentes —la falta de creación de empleos— más rápido podremos trazar un camino hacia el desarrollo económico sostenible.

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