28 de Abril de 2017

[EDITORIAL] Fe

Por el 13 de abril de 2017

“Yo tengo ya la casita que tanto te prometí,
y llena de margaritas para ti, para mí.
Será un refugio de amores será una casa ideal
y entre romances y flores formaremos nuestro hogar”.

Cuando Rafael Hernández escribió esta letra, la aspiración de todo puertorriqueño era tener su casa propia. Esa, nos enseñaron de pequeños, era la inversión de nuestra vida. En ese tiempo, para la mayoría de nosotros, no se pensaba en grandes inversiones bursátiles o herencias. La casita, adquirida con el esfuerzo y trabajo de la familia, ya hubiese sido una pareja o una mujer sola levantado el hogar, era la principal inversión del boricua.

Recuerdo los tiempos, y todavía me considero en la flor de la juventud, en los que los puertorriqueños era de las sociedades con el mayor porcentajes de familias con casa propia. Era lo que nuestros padres nos enseñaron. Era ese bien, que apreciaba pero además te producía estabilidad social y seguridad para tu familia.

las ineficiencias del gobierno han provocado que miles de propiedades, relativamente nuevas ya, no se hayan registrado ni tasado por el ente creado para hacerlo. (iStock)

las ineficiencias del gobierno han provocado que miles de propiedades, relativamente nuevas ya, no se hayan registrado ni tasado por el ente creado para hacerlo. (iStock)

Hoy, a raíz de la crisis fiscal del gobierno, hasta eso está en peligro.

Y no es culpa de la administración actual. La culpa, para variar es huérfana.

Comencé mi carrera periodística a principios de la década de 1990 y desde entonces se hablaba de la necesidad de llevar a precios de mercado las propiedades existentes e incluir en el catastro toda esas casas, algunas de ellas muy humildes y construidas al margen de la oficialidad, que no figuraban en los récords del gobierno. Con el tiempo ya hay de todo, las ineficiencias del gobierno han provocado que miles de propiedades, relativamente nuevas ya, no se hayan registrado ni tasado por el ente creado para hacerlo.

En aquella fatídica década de corrupción, los intentos en modernizar el catastro terminaron con arrestos de empresarios y funcionarios públicos que se aprovecharon de la oportunidad para hacer su agosto, venderle sueños al gobierno, quedarse con unos cuantos miles  y al final no realizar el trabajo para el que fueron contratados. Todavía hay algunos de esos nombres demasiado presentes en nuestro entorno público.

[EDITORIAL] Contra el reloj

Durante la administración de Luis Fortuño, se legisló para establecer una doble tasa especial, que acabaron quitando antes de tiempo para tratar de bajar los ánimos del motín que tenían abordo por la molestia de los alcaldes y representantes que veían acercarse las elecciones con una población molesta por el alza en el tributo.

Se suponía que al final de ese proceso, el Centro de Recaudaciones Municipales (CRIM) por fin ejerciera sus buenos oficios y terminaramos con un registro más certero de las propiedades construidas en la Isla. Por supuesto, que eso no paso. Ni la administración de Sila María Calderón, ni la de Aníbal Acevedo Vilá, antes de Fortuño; y menos la de Alejandro García Padilla, después, lograron la meta de poner al día los registros.

Hoy, nos vemos ante la misma situación pero con unos gobiernos municipales pidiendo la luz por señas, como decía mi abuela, una población que a duras penas puede pagar la hipoteca que tiene a cuestas y un gobierno necesitado de encontrar por donde cortar gastos y conseguir recaudos. Al final, el dinero saldrá de donde siempre sale, del bolsillo de clase media que no tiene como evadir.

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Pero estamos en Semana Santa y soy mujer de fe. Creo que no todo está perdido, que hay esperanza. Es una muy buena señal que cómo plantea la historia de Portada, el gobernador y su equipo estén buscando alternativa para evitar imponer el alza planteada. Lo mismo deben hacer los municipios, no hay mucha tela de donde cortar pero siempre, en todos lados, hay algún gasto que no es imprescindible para podernos ajustar. La cantidad es alta pero confío en la creatividad de nuestra gente. Solo procuremos que no se vaya la mano con esa creatividad que en otras ocasiones terminó costando millones, dejando al país sin los cambios necesarios y con unos cuantos durmiendo tras las rejas.

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