23 de Julio de 2017

[EDITORIAL] Los pedazos de carbón de García Padilla

Por el 23 de diciembre de 2016

La mayoría de las personas en Puerto Rico dirán que están felices de ver que el 2016 llega a su fin porque este ha sido un año marcado por la incesante caída de una economía en picada de proporciones apocalípticas. Además, otras 1,000 personas continúan mudándose al Norte cada semana en busca de mejores horizontes porque en la isla es casi imposible juntar dos vellones.

Esa felicidad no la comparte Alejandro García Padilla, el gobernador saliente con quien llevamos a cabo una entrevista durante la cual admitió que ha tenido ataques de nostalgia en sus últimos días en el cargo. Su masoquismo, dice él, es producto de los asuntos inconclusos de su programa de gobierno en varios aspectos: la enorme carga de deuda que maniató su administración y la férrea oposición dentro de su propio partido que impidió que se aprobara la reforma contributiva.

La pieza central de su propuesta atada a un impuesto al valor agregado del 11.5% fue derribada por líderes de su propio Partido Popular Democrático (PPD): el presidente del Senado, Eduardo Bhatia, y el expresidente de la Cámara, Jaime Perelló. Ellos no deben esperar tarjetas de Navidad de García Padilla este año. Pedazos de carbón tal vez serían obsequios más apropiados.

Ambos legisladores le dieron mucha candela al gobernador previo al intento de aprobar la reforma contributiva y cuando trató de imponer otro aumento en el impuesto sobre los productos derivados del petróleo conocido como “la crudita”. El liderato legislativo exigía una serie de condiciones —un tope en el interés de la deuda emitida contra el impuesto recaudado y mecanismos para aumentar el impuesto en caso de pocos recaudos— que se convirtió en la manzana de la discordia. El retraso en aprobar “la crudita” le asestó un golpe mortal al gobierno de García Padilla porque dio paso a una serie de acontecimientos — por ejemplo, no establecer un presupuesto estructuralmente balanceado— que le bloqueó a Puerto Rico su acceso al mercado.

Sin un acuerdo de bonos de $2,950 millones, la administración insistió en que tendría que elegir entre prestar servicios esenciales o pagar el enorme servicio de la deuda de Puerto Rico. Así es que García Padilla inició el 2016 dejando de pagar unos $36 millones en lo que se podría llamar un impago simbólico. Su maniobra fiscal utilizó $164 millones en recuperación de fondos ya desembolsados o “clawbacks”, usando dinero de fuentes de ingresos para pagar otras deudas. El hombre estaba desenfrenado, se convirtió en el anti-Macri.

La verdad es que había una estrategia orquestada por funcionarios que tenían vínculos con el Tesorero estadounidense —el exdirector de reestructuración Jim Millstein, el consejero del Tesoro Antonio Weiss y el director de Finanzas Públicas y Estatales Kent Hiteshew— cuando García Padilla contrató a estos asesores.

Hizo falta que llegara el informe de la exdirectora del Fondo Monetario Internacional Anne Krueger titulado “Puerto Rico: A Way Forward” (el título “Infierno de Dante” no estaba disponible) para convencer a García Padilla de que el servicio de la deuda de Puerto Rico era insostenible. De ahí salieron disparados con Millstein vendiendo “recortes especiales” para los acreedores, mientras otros impulsaban en el Capitolio la narrativa de la crisis humanitaria en la isla para que se aprobara la Ley para la Supervisión, Gerencia y Estabilidad Económica de Puerto Rico (Promesa, en inglés).

Si el legado de García Padilla es que un acto del Congreso haya enterrado el ELA —canjeando el autogobierno como un acto de contrición porque ya no quería perpetuar el asunto— eso solamente sería un logro si eventualmente llevara a Puerto Rico de regreso al crecimiento. Por ahora, los detractores y los miembros de la leal oposición en su propio partido están tildando a García Padilla como el peor gobernador en la historia de Puerto Rico.

¿Y qué dirían de quienes antecedieron a García Padilla, tanto los pro-estadidad como los partidarios del ELA que contribuyeron a la enorme carga de deuda que Puerto Rico ahora enfrenta? La historia dirá.

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