23 de Octubre de 2017

[EDITORIAL] Más allá del nubarrón

Por el 27 de abril de 2017

Los próximos días serán intensos. Ya está a la vuelta de la esquina la aprobación de leyes para reducir aun más los beneficios a los trabajadores del gobierno para poder cuadrar la caja y dejar sobre $1,100 millones para el pago a los bonistas.

El gobierno debe presentar un presupuesto a la junta de control fiscal que además tenga $200 millones extra para subsanar la insuficiencia proyectada en el plan de gastos actual. De lo contrario, la junta de control impondrá, además de otros recortes, la reducción de la jornada laboral para miles de trabajadores y la eliminación del bono de Navidad.

Piggy bank with umbrella concept for finance insurance, protection, safe investment or banking

El lunes también se termina el tiempo que concedió la ley Promesa para detener las demandas por cobro de deuda de todos aquellos que en algún momento compraron bonos del gobierno. (iStock)

Mientras, en la capital federal, el gobernador y la comisionada residente se afanan con simposios y actividades de recaudación de fondos, para llamar la atención de los legisladores que preocupados por sus propias crisis, no parecen darse cuenta de las consecuencias que tendrían en la isla la reducción o eliminación de los fondos para pagar la reforma de salud.

El lunes también se termina el tiempo que concedió la ley Promesa para detener las demandas por cobro de deuda de todos aquellos que en algún momento compraron bonos del gobierno. Si no se llega a un acuerdo, aunque sea para extender ese periodo de gracia, el gobierno podría terminar pagando hasta lo que no tiene en abogados para evitar que los acreedores se queden con lo que queda del país. Ese mismo día, los trabajadores que hasta ahora no han demostrado tener una estrategia articulada para evitar lo que hacía años que se venía venir, han decretado un paro general que ojalá sirva para levantar conciencia sobre lo responsables que somos todos de estar donde estamos, contra la pared.

Como ven, es un nubarrón lo que se asoma por el horizonte amenazándonos con fuerza. Es una amenaza de huracán que puede dejarnos desnudos y sin alternativas. Por eso, cuando escucho que en medio de todo ese panorama desolador, un empresario puertorriqueño tiene los bríos para lanzarse a comenzar una nueva empresa, pienso que no todo está perdido. Cuando veo cómo, junto a sus hermanos, socios y empleados, dan el todo por el todo para echar hacia adelante una empresa como lo es una librería en el centro de Plaza las Américas surge un rayo de luz.

Al conocer que esa empresa brindará énfasis a escritores locales, comprará a suplidores boricuas para darle un impulso a la industria del libro en Puerto Rico, entonces comprendo que en medio de la tormenta siempre hay esperanza. Es prometedor observar todas esas empresas boricuas, agrícolas, de manufactura, de servicios o comercios que se levantan día a día para, con el sudor de sus dueños y empleados, echar adelante a sus familias y con ellas mantener de pie al país.

Sí, se nos acerca un nubarrón pero aquí en el trópico estamos acostumbrados a las tormentas. Agarremos cada cual nuestra sombrilla, preparémonos como nos enseñaron nuestros abuelos, con tesón y amor al trabajo, y veamos en cada tropiezo una oportunidad. Apoyemos a esas empresas nuestras pues su éxito es el éxito de todos nosotros.

Como individuos estoy segura de que podemos salir adelante. Como colectivo, si hacemos causa común, seremos invencibles. Por eso, cuando escucho que en medio de todo ese panorama desolador, un empresario puertorriqueño tiene los bríos para lanzarse a comenzar una nueva empresa, pienso que no todo está perdido.

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