17 de Agosto de 2017

[EDITORIAL] ¿Quién vela por nuestros viejos?

Por el 10 de agosto de 2017

La noticia parece haber tomado a muchos por sorpresa. Como el cuento que advierte que viene el lobo, pero este no llega y cuando se aparece, toma a todos desprevenidos porque ya habían perdido el miedo a ser mordidos.

La realidad es que hace más de una década que los expertos venían advirtiendo del problema de insolvencia en los sistemas de retiro del Gobierno. Desde su concepción, nunca recibieron la cantidad de dinero necesaria para garantizar una vida digna a quienes dejaron sus mejores años en las oficinas, carreteras, hospitales y escuelas del país.

“Quizás no podemos evitar la reducción de ingresos que sufrirán, pero la banca, las organizaciones sin fines de lucro, las cívicas y las profesionales debieran estar ya, en la calle”. (iStock)

En el 2012, cuando ya era inminente que el sistema se quedaría sin dinero en pocos años, el entonces gobernador Luis Fortuño no presentó la legislación necesaria por el costo político que implicaba revisar los beneficios ofrecidos a los pensionados. El candidato popular, Alejandro García Padilla, tampoco quería hablar del tema durante la campaña. Sin embargo, al llegar a la gobernación tuvo que aceptar que a los sistemas les restaban pocos años de vida e impulsó reformas que fueron retadas en los tribunales.

En este momento, el gobernador Ricardo Rosselló asegura que su gobierno no tocará las pensiones como ordena la junta de control, debido al impacto nefasto que ello tendría en la vida de los retirados. La posición es la correcta desde el punto de vista de un gobernador electo, pero lamentablemente la situación puede haber llegado al punto de que ya no esté en sus manos. El tema se encuentra sobre el escritorio de la jueza Laura Taylor Swain y con seguridad será ella quien tenga la última palabra en el asunto.

Esta situación coloca a miles de pensionados, seguramente como su mamá y la mía, ante la triste realidad de tener que pensar cómo ajustarán su costo de vida ante la reducción, a todas luces inminente, en sus ingresos. Cómo pagarán sus visitas al médico, sus comidas o medicinas.

Los últimos datos del Censo revelan que las personas con 50 años o más son en este momento el grupo poblacional más grande lo que pone mayor presión al Gobierno que debe velar por su calidad de vida.

Hemos tenido tiempo para prepararnos, pero no lo hicimos. Ahora, será un tribunal el que seguramente determine con cuán poco tendrán que vivir miles familias puertorriqueñas.

Cámara da visto bueno a reforma de sistemas de retiro

Pero mientras el Gobierno y sus abogados debaten en las cortes, mientras los contables resuelven el dilema financiero, ¿quién vela por nuestros viejos? ¿Quién se asegura de que cuando les bajen la pensión no los dejen también sin casa al no poder pagar la hipoteca? ¿Quién velará por que tengan acceso a un sistema de salud que no les quite servicios cuando no puedan costearlos? ¿Quién les dará apoyo sicológico y emocional cuando se sientan solos o agobiados por problemas económicos que no pueden controlar? ¿Quién los orienta ahora para que puedan tomar decisiones correctas y efectivas antes de que se concrete la quita?

Quizás no podemos evitar la reducción de ingresos que sufrirán, pero la banca, las organizaciones sin fines de lucro, las cívicas y las profesionales debieran estar ya, en la calle. En los programas de televisión, en los periódicos y revistas, en la radio, en la internet, ofreciendo sus servicios para orientar sobre las alternativas que tiene esta población que debe ser considerada como la más vulnerable.

De igual forma los más jóvenes deben asumir la responsabilidad social que les corresponde. Por un lado, ayudando para que los mayores puedan atender sus necesidades, pero a su vez planificando para cuando les toque llegar a pintar canas no se conviertan en una carga para la sociedad.

Si para algo nos debe servir la crisis por la que estamos pasando, es para aprender de los errores.

Nuestros padres pensaron que habían planificado su futuro para evitar ser una carga para sus hijos. Las malas decisiones del Gobierno y la pasividad de aquellos que vieron las señales en la pared y no hicieron nada o hicieron muy poco, dieron al traste con esa planificación de futuro.

Es hora de buscar alternativas para no ser cómplices de los que amenazan con dejar sin esperanzas a los que nos permitieron convertirnos en hombres y mujeres de bien.

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