28 de Abril de 2017

[EDITORIAL] Rellenando el pavo de Promesa

Por el 24 de noviembre de 2016

Las interminables Navidades de Puerto Rico se parecen mucho a la Ley para la Supervisión, Gerencia y Estabilidad Económica de Puerto Rico (Promesa por sus siglas en inglés), que comenzaron con un pavo relleno de inventos. El presidente de la Cámara estadounidense Paul Ryan no pudo hallar siete sabios o sabias; eso quedó penosamente manifiesto durante las recientes vistas que celebró la Junta de Supervisión y Gestión Financiera (FOMB por sus siglas en inglés) en Fajardo.editorial-philipe-schoene

Tomemos, por ejemplo, el hecho de que la FOMB se sentara a escuchar una presentación de Conway Mackenzie —la misma firma que pasó los últimos dos años de ambivalencia en cuanto a la posición de efectivo del gobierno de Puerto Rico— y ahora nos avisa sobre los precipicios de efectivo que alcanzarán $1,300 millones en febrero de 2017 y $3,000 millones en junio de 2017.

En su show de “perrito y pony,” Aurelio García Miró, el socio administrador de Conway para Latinoamérica, y Wade Boyd le dijeron a la junta de supervisión que la cuenta operacional de Hacienda (TSA por sus siglas en inglés) —que se utiliza para financiar entidades gubernamentales que no tienen tesorerías separadas— se monitorea a diario. A pesar de ese escrutinio, García Miró explicó que a mediados del año fiscal 2016, Hacienda se vio obligada a reajustar los ingresos en unos $500 millones, de $9,800 millones a $9,300 millones.

Desafortunadamente, Puerto Rico tiene una base contributiva que está atascada en neutro, acompañada de un declive económico que ha durado una década y al que no se le ve final. Aunque el secretario de Hacienda Juan Zaragoza ha mejorado la tasa de recaudación de impuestos de un 55% a un 67%— tener más de mil contribuyentes que abandonan la isla cada semana es un reto enorme. No hay tiempo que perder.

Lo menos que Puerto Rico necesita es un refrito de puntos de vista filosóficos de la administración de García Padilla, a traves del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Esta vez, la tarea le fue asignada a Luyen Tran, quien explicó que el plan de la administración de García Padilla “busca mantener el financiamiento federal y los gastos en salud. Una suposición clave del plan es que no consigue un equilibrio estructural en los presupuestos sin nueva acción y financiamiento federal. Incluye un plan para la reestructuración de la deuda, pero no incluye un análisis de la sostenibilidad de la deuda”. De paso también podrían haberse declarado a favor del Día de las Madres y de los cachorros de foca.

El plan propone aumentar los ingresos en $9,600 millones, principalmente de una extensión temporera del impuesto al consumo de la Ley 154 y de la transición hacia un nuevo régimen de impuestos corporativos. También propone un nuevo Crédito Contributivo por Ingreso Devengado. El plan también supone unos $16,000 millones en nuevos fondos federales para el cuidado de salud. Eso es mucho suponer.

Aún así, el gobernador ha dicho que no contemplará medidas adicionales de austeridad, como si de él dependiera. Él insiste que está escogiendo a la gente sobre los tenedores de bonos. ¿Y qué de los tenedores locales de bonos?

Jorge Irizarry, quien brindó testimonio en representación de Bonistas del Patio, señaló que el plan de la administración no menciona el efecto que tendría sobre la economía el no pagar la deuda en manos de los tenedores locales de bonos (alrededor de $1,200 millones anuales), lo cual significaría una reducción de 1.9% en el producto nacional bruto (PNB). La gran mayoría de los 60,000 tenedores locales de bonos dependen del pago de intereses para cubrir sus gastos básicos de subsistencia, pero no son tomados en cuenta.

Una ojeada rápida al modelo de revitalización de Washington, D.C. que se utilizó en la década de 1990 ayudaría a limitar los errores cometidos en el pasado. Muchos recortes y cero trabajo llevará a más de una década de angustias. Los demócratas en el Capitolio tendrán que luchar sin tregua para lograr algunas medidas de crecimiento que ayuden a compensar la innegable contracción que vendrá con recortes en el sector público, aumentos en las tarifas de electricidad y la constante salida de nuestra gente más talentosa.

La vida en los tiempos de Promesa no solamente puede ser un ejercicio de austeridad.

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