19 de Noviembre de 2017

Filas de desempleo evidencian serio problema en Puerto Rico

Por el 16 de Octubre de 2017

La fila del Departamento del Trabajo en Bayamón bordea todo el edificio y se extiende hacia las afueras de la dependencia. (Yoel Parrilla/CB)

Gabriel Pérez, de 35 años, se despertó temprano el jueves con el frío de la montaña de Comerío. Allí todavía no se ven brigadas de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y quedan derrumbes y carreteras bloqueadas, a tres semanas del azote del huracán María en Puerto Rico.

Llegó cerca del mediodía a la oficina del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH) en Bayamón, a donde acude desde junio tras perder su empleo de maestro transitorio por el cierre de 167 escuelas públicas. Tenía la esperanza de que por fin le otorgaran el primer cheque del desempleo desde que culminaron las clases, pues aunque usualmente en agosto recibe los beneficios, este año todo parece estar retrasado.

Ese dinerito —de un promedio de $133 semanales— le serviría para apoyar a su esposa y cuatro hijos en las compras del hogar. Aunque su casa se inundó un poco, no sufrió pérdidas, suerte que no tuvieron otros de sus familiares. Lo más difícil en este proceso, relata, es mantener los suministros de agua para sus hijos. En la comunidad, la falta de energía afecta el procesamiento del agua potable, por lo que que los vecinos acordaron prender una planta eléctrica para procesar el agua cada dos días al menos por tres horas para que cada quien llene sus envases.

Gabriel Pérez, de 35 años y natural de Comerío. (Yoel Parrilla/CB)

“Ese es el proceso más difícil para los nenes. Todavía allá las ATH [cajeros automáticos] no están funcionando en Comerío ni en Barranquitas, que es donde también voy. El flujo de efectivo es muy poco. El supermercado Econo fue que tuvo luz de nuevo con planta[…] para poder utilizar el poco efectivo que teníamos y estirarlo un poco e ir donde familiares que nos pudieran auxiliar por lo menos con el efectivo y hacer una comprita. Ayer, por lo menos, conseguimos ir a la cooperativa y nos dieron algo de efectivo”, expresó Pérez mientras el sol hacía brillar en su frente las gotas del sudor que acompañaban a cada uno de los que hacían la fila.

“No había cheques”, dijo Pérez con una sonrisa triste al culminar sus trámites. “Es mucho más rápida esta fila que la de antes del huracán. Antes tenía que estar horas esperando por el turno, parece que aceleraron y estamos más rápido”, comentó el maestro, que ahora busca empleo nocturno para poder cuidar durante el día a sus hijos.

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Miles al día acuden a oficinas de desempleo

Como Pérez, cerca de 1,000 personas visitan diariamente la oficina del DTRH en Bayamón desde el 6 de octubre, cuando reabrieron las 12 oficinas de la agencia alrededor de la isla. Unos solicitan el desempleo, otros —si el primero les fuera negado— piden la Asistencia de Desempleo por Desastres o Disaster Unemployment Assistance (DUA), que está disponible a partir del viernes, y durante un periodo de 30 días. El DUA se activó en el pasado con los huracanes Irene, en 2011, y Georges, en 1998.

Esta ayuda la pueden solicitar personas que no hayan podido llegar a sus hogares por los estragos del huracán; quienes no pudieron iniciar su empleo o lo hayan visto interrumpido por una lesión a raíz de la emergencia; quienes trabajaban para un patrono o por cuenta propia cuyas ganancias fueron afectadas, entre otras instancias relacionadas al desastre.

El DUA está disponible para los afectados por María en todos los municipios. Los afectados por Irma pueden solicitarla solamente en Vieques, Canóvanas, Culebra, Loíza, Vega Baja, Dorado, Cataño, Luquillo y Fajardo.

La gerente de la oficina del Departamento del Trabajo en Bayamón, Sara Fernández, explicó el procedimiento para atender al sinnúmero de reclamantes y patronos. (Yoel Parrilla/CB)

“Estoy esperando instrucciones de la oficina del secretario del Trabajo, pero el hecho de que se esté o no se esté dando [el beneficio por DUA], ya nosotros estamos haciendo la parte de nosotros de por lo menos adelantar el proceso de llenarles los formularios a las distintas personas que vienen aquí, tanto reclamantes como patronos”, manifestó a CB en Español la gerente de la oficina del DTRH área del Negociado de Seguridad de Empleo en Bayamón, Sara Fernández.

Las filas se hacen en las afueras del edificio, pues en su interior aún no hay luz y el servicio de agua fue interrumpido el jueves, lo cual afectó el funcionamiento de los baños y provocó la culminación temprana de las labores ese día. Al igual que en Bayamón, muchas oficinas del DTRH han sacado afuera sillas y mesas para atender a los reclamantes. Sombrillas, abanicos y sillas plegables completan la escena, que se repite en la mayoría de las filas del país.

“Llevamos dos semanas fuertes. Hacemos todo lo que humanamente hemos podido sin parar, sin tomar horas de almuerzo. Nosotros atendemos Bayamón, Guaynabo, Cataño, Corozal, Comerío, Naranjito, Toa Baja, Toa Alta, Dorado, inclusive Vega Alta y Vega Baja. Pero no le negamos el servicio […] Todo el que llega aquí es atendido”, aseguró Fernández.

La espera no da tregua en ninguna parte

Largas filas se registran en las oficinas del Departamento del Trabajo, en Hato Rey. (Yoel Parrilla/CB)

En las oficinas del DTRH en Hato Rey la escena es similar. A las 10:15 de la mañana ya la lista de espera iba por 354. A esa hora más o menos, culminaba sus trámites Joselyne Carrasquillo, de 44 años, cuyo empleo en el aeropuerto se vio afectado e interrumpido por el huracán y ahora no sabe cuándo regresará a trabajar.

“Llegamos a las 5:00 de la mañana y ya había gente que, por iniciativa, empezaron una lista y se empezaron a anotar. Yo hice el 62. A las 7:00 abrieron todo y las primeras 100 personas pasaron”, contó Carrasquillo, quien ha sobrevivido estas últimas semanas a fuerza de ahorros y aguantando las ganas de trabajar.

Al igual que Carrasquillo, Grisselle Figueroa, de 53 años, José Miguel Aquino, de 32, y Jessica Ortega, de 41, están sin trabajar a raíz de la emergencia. La oficina de contadores públicos autorizados en la que laboran los tres interrumpió labores y no saben cuándo retornarán a sus puestos. Sus respectivas parejas han tenido que correr con los gastos ante la falta de cobro.

En la foto, Griselle Figueroa, José Miguel Aquino y Jessica Ortega. (Yoel Parrilla/CB)

En otra parte de la fila estaba María Rondón, de 64 años, una de las empleadas de limpieza del hotel Ritz Carlton, en Isla Verde, que recibió la carta de cesantía de labores temporera por los daños que sufrió el edificio frente al mar.

“Están procesando todos los seguros para poder poner el hotel a trabajar de nuevo. Esperan que sea antes de seis meses”, contó Rondón con preocupación, pues la emergencia ha provocado que hasta los productos en los supermercados sean racionados, dijo.

Al igual que el Ritz Carlton, sobre 60 hoteles de Puerto Rico han visto interrumpidas sus labores por las pérdidas tras el huracán. Los cerca de 90 hosterías en funcionamiento están casi llenas a capacidad por la presencia de sobre 15,000 funcionarios federales en la isla atendiendo la emergencia.

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Evidente alza en el desempleo

Todos coinciden en un alza en el desempleo en el mes de septiembre, incluso el secretario del Trabajo, Carlos Saavedra. Sin embargo, la cifra exacta es indeterminada, pues los empleados del DTRH no pudieron realizar las entrevistas para emitir los datos que se utilizan en la encuesta del grupo trabajador —personas empleadas y desempleadas que componen la fuerza laboral— en septiembre, mes en que azotaron los huracanes Irma y María.

Ahora, la agencia discute con el Buró de Estadísticas de Empleo de Estados Unidos (BLS, en inglés) los métodos para recopilar la información ante la interrupción de empleo en el Gobierno, por lo que las cifras del desempleo se retrasarán.

“La encuesta del asalariado no agrícola —que son las nóminas que envían las empresas— se envió [al BLS]. La otra encuesta, que es la que mide el desempleo y la participación [laboral], no se pudo recopilar”, dijo Saavedra a este medio, reconociendo también la falta de un mecanismo en el Gobierno para que las empresas notifiquen despidos o cese temporero de empleo.

Al menos 300 despidos

Solo tienen que notificarse, de acuerdo a la Ley federal de Notificación de Ajustes y de Reentrenamiento del Trabajador (WARN, en inglés), los despidos masivos de 50 o más trabajadores. En ese sentido, Saavedra adelantó que, al momento, dos empresas que prefirió no identificar notificaron al DTRH sobre el despido de 300 trabajadores en total.

“Los que despiden 10 o 15 empleados no tienen la obligación de notificar al DTRH. Podría dar un número de esas solicitudes [de desempleo] después de esta semana. Hay negocios cerrando y notificando despidos, pero no puedo dar un número de personas que han despedido porque no hay nada en el Gobierno que lo mida”, apuntó el funcionario.

Saavedra relató que el huracán afectó también las oficinas del DTRH, por lo que se encuentran recopilando la cantidad en daños. Esto retrasó las labores, razón por la cual no habían pedido que se activara el DUA, pues solo puede solicitarse por 30 días, en este caso, hasta el 13 de noviembre.

La falta de estadísticas no oculta lo evidente: la celebración del Gobierno en los pasados meses por la baja en la tasa de desempleo culminó.

Un grito de esperanza

(Yoel Parrilla/CB)

Las caras tristes de las filas eran interrumpidas por un grito de esperanza: “¡Frutas, frutas frías, frutas frescas!” Era Paula Vargas, una de los sobre 200,000 dominicanos que residen en Puerto Rico. Lleva 12 años en San Juan, nueve de ellos vendiendo frutas en zonas concurridas. Las busca en la plaza del mercado de Río Piedras y ahora las mantiene frías con su “plantita” eléctrica. Con tantas filas, los clientes llueven.

La alegría que irradia Vargas esconde la aflicción de perderlo todo por el huracán. Aunque muchos de sus compatriotas han retornado a República Dominicana por la emergencia —ha habido un alza en la cantidad de personas que toman el ferry entre ambas islas—, Vargas se queda en Puerto Rico “porque yo amo a este país, tengo la vida hecha aquí”. Mientras tanto, vive con su familia “en un lugarcito que nos dieron para guarecernos unos días”. Duermen en colchones en el suelo. “Por lo menos estamos vivos, Dios nos dejó bien para seguir adelante”.

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