22 de Septiembre de 2017

Firme defensa local a las peleas de gallos

Por el 4 de Julio de 2017

Por Luis Santiago Arce

A medida que han pasado los años, el movimiento en oposición a la práctica legal de las peleas de gallos como deporte ha tomado fuerza en distintos países, pero Puerto Rico parece no haberse enterado. Es una actividad que aún goza de gran aceptación en la Isla amparado en aspectos culturales y económicos, hasta con firme respaldo gubernamental.

“Mis abuelos y mi papá fueron todos galleros… y desde nene, cuando tenía como siete años, he seguido con esa pasión toda mi vida y actualmente, a los 33, tengo como 200 gallos de pelea”, dijo el trujillano José Aponte mientras presenciaba junto a su hijo adolescente de una concurrida jornada de picos y espuelas en el Coliseo Gallístico de Cataño.

(iStock)

Según reseñó en octubre pasado la Agencia EFE, Puerto Rico fue calificado por la Sociedad Humana de Estados Unidos (HSUS, por sus siglas en inglés) como la jurisdicción entre sus territorios que menos protege la vida de los animales, reavivando la lucha de los grupos que pretenden abolir las peleas de gallos en la Isla por su carácter sangriento.

Aponte, sin embargo, sentenció que esa práctica “es un deporte y es algo cultural. No lo veo como maltrato porque estos animales los dejas una semana sin comer, y los sueltas de frente con un plato de comida en el medio, se ponen a pelear y no comen. Se ‘escabezan’ porque esa es su naturaleza”.

Las peleas de gallos, conocidas como ‘deporte de caballeros’, fueron introducidas en la Isla por los españoles en el siglo XVI y desde entonces se han afianzado como una tradicional manifestación cultural que se basa en las apuestas entre los dueños de los ejemplares y asistentes a las jugadas, que en Puerto Rico están reglamentadas por el Departamento de Recreación y Deportes (DRD).

“Es un deporte que atrae mucha fanaticada, incluyendo mujeres y niños. Esto no se acaba. Muchas personas dicen que es abuso o es maltrato, pero esto no es nada de eso. Esos animalitos si los sueltan por ahí se matan entre ellos mismos sin tener que echarlos a pelear porque es su instinto”, comentó Luis ‘Luisito’ Feliciano Vargas, uno de los administradores de la gallera de Cataño.

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Distinto al hipismo, donde los caballos necesitan la conducción de un jinete para completar su competencia, en los gallos de peleas el factor humano queda fuera del escenario de combate, pero Feliciano Vargas aseguró que “esto conlleva mucho trabajo. Hay que trabajarlos como un boxeador. Hay que correrlos, ‘botearlos’ (guanteros). Esto no es fácil. Para que un gallo llegue a pelear ahí tenemos que darle como tres meses de entrenamiento. Para muchos es solo un deporte, pero para muchos también es un trabajo. Esto está brutal”.

Es, además, una industria de gran provecho económico para el Gobierno, con ganancias anuales millonarias por registro de las galleras, junto a la creación de empleos y continuo flujo económico, aunque también es criticado por ser una práctica que podría involucrar personas que están al margen de la ley.

”A diferencia de otros deportes que necesitan ser subsidiados, en este deporte no es así. Este deporte subsiste solo, las galleras corren solas sin subsidio. Al revés, pagan por operar. Es un deporte que bien llevado y bien controlado puede contribuir al pueblo puertorriqueño”, precisó el recién nombrado nuevo Comisionado de Asuntos Gallísticos del DRD, Ángel M. Cruz Nolasco.

“Es un deporte pluralista, donde el rico millonario se sienta en la valla con el pobre. Es un deporte que no excluye, que puede participar todo el mundo. Por eso es que a veces se meten personas de dudosa reputación, pero por cada una de esas personas hay cientos de galleros buenos que quieren y aman el deporte, que van todos los días solamente a distraerse y a pasarla bien. Y también a aportar, porque aportamos. No le gastamos ni un peso al gobierno”, añadió.

Andrés Waldemar defiende su gestión como secretario de recreación y deportes

Destacó, asimismo, que “es un deporte porque, primero, el animal se entrena. Tenemos entrenadores, personas que entrenan los animales. Aparte de eso, se estipulan unos lugares especiales para el combate, que son las galleras… y a eso vengo, a defender lo puro y cultural del deporte. Que no se pierda eso. Que por ser una industria, sacrifiquemos cosas culturales y cosas puras del deporte… pero también de que hay que ayudar porque si no existe la industria y no están las galleras, no podemos jugar gallos legalmente. Queremos seguir buscando que todos estemos mirando lo mismo para ayudar al deporte y entonces luego potenciar cómo puede ayudar a la economía de Puerto Rico”.

Y el secretario del DRD, Andrés Waldemar Volmar Méndez, comentó que “es parte de nuestra idiosincracia y de nuestra identidad. Debemos desarrollar alternativas viables para ese sector de jóvenes que no son muy amantes de los estudios en términos de carreras largas, y que podamos desarrollar dentro del Instituto Puertorriqueño, que brinda certificaciones y licencias, un curso que les podamos permitir a los jóvenes que estén interesados en este deporte desarrollarse y ser cuidadores de gallos”.

En respuesta a los opositores de las peleas de gallos, Volmar Méndez pronunció que “todo el mundo en un país democrático tiene libre albedrío de hacer sus manifestaciones. Entendemos su postura, pero también tenemos que atesorar y abrazar nuestra identidad como pueblo, no solamente por el deporte de caballeros… la historia es algo que está escrito y que no podemos borrar”.

Volmar Méndez y los miembros de la Comisión de Asuntos Gallísticos lograron, incluso, un reciente acuerdo que permitió la aprobación de una nueva orden administrativa para la modalidad de crestas y desbarbas, disponiendo entre otros asuntos que la temporada de dicha modalidad se jugará en el 2018, mientras la modalidad de crestas y barbas iniciará este año su temporada el próximo 1 de julio hasta el 31 de octubre.

El DRD informó en comunicado de prensa que la duración de estas peleas de pollos será de diez minutos, y se dispone además, que las espuelas a usarse serán las plásticas opacas desechables, a no más de una pulgada y seis dieciseisavos (1-6/16”) y puesta en la pata no más de 1-8/16”, con multas hasta un máximo de $500 por la tercera infracción y mínimo de un año de suspensión a la licencia.

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  • Harry Narvaez Munet

    SOLO las bestias insensibles defienden el bestialismo. Si quieren ganar dinero que se vayan a trabajar. Este sangriento entretenimiento es obra de personas totalmente insensibles y disfrutan observando el sufrimiento de los animales – y seguro que son personas tan criminalmente frias que tambien se deleitaran viendo asesinatos de seres humanos.