16 de Agosto de 2018

Huracanes exponen décadas de negligencia gubernamental en la preparación para el cambio climático en el Caribe

Por el 10 de Abril de 2018
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Por Freeman Rogers, Omaya Sosa Pascual y Emmanuel Estrada López/CPI

 

Dinelle Henley siente temor por su natal Cane Garden Bay, una de las playas más emblemáticas y prístinas del Caribe.

Al igual que gran parte de las Islas Vírgenes Británicas (BVI, por sus siglas en inglés), el popular pueblo costero fue devastado por vientos, olas e inundaciones cuando el ojo del huracán Irma pasó directamente sobre el territorio el 6 de septiembre.

Ochenta millas náuticas al oeste, Alexis Correa se siente igual. Aunque Dinelle y Alexis no se conocen, hablan idiomas diferentes y sus gobiernos no tienen ninguna relación, Correa también ha visto de primera mano lo que la furia de un huracán de categoría 4 es capaz de hacer a una isla pequeña y vulnerable. Cuando el 20 de septiembre el huracán María devastó a Puerto Rico con sus vientos de 155 millas por hora, voló techos, estructuras, puentes y carreteras en toda la isla.

(Leandro Fabrizi Rios/Centro de Periodismo Investigativo)

Pero Correa ha estado viendo un preludio de esta destrucción en su comunidad durante más de una década. El mar primero se llevó el centro comunal y cultural de su barrio Parcelas Suárez en el municipio de Loíza. Luego, el huracán María se llevó la cancha de baloncesto y el parque. Los lugares eran una parte integral de esta comunidad, una de las más afectadas por la pobreza, la delincuencia, la discriminación y la limitada movilidad social en Puerto Rico. Su destrucción ha dejado a los residentes prácticamente sin opciones.

“Aquí nos reuníamos la Junta Comunitaria y los residentes, pero también celebrábamos las bodas, y los quinceañeros”, dijo Correa mientras miraba las ruinas del edificio, que también servía como guardería antes de que cerrara en 2002 debido al daño causado por la erosión. “Nos movimos a la cancha de baloncesto en el parque. Pero el huracán María la destrozó y ya no tenemos un lugar donde todos podamos encontrarnos. Dependemos de comunidades hermanas, pero no todos los residentes pueden llegar”, agregó.

En Santa Cruz, el agricultor orgánico Luca Gasperi está igualmente angustiado, pero no sorprendido. Él cree que las tormentas consecutivas de septiembre que azotaron a las Islas Vírgenes Estadounidenses (USVI, por sus siglas en inglés) fueron consistentes con otros patrones climáticos que había estado notando por años.

“Todo es más intenso”, dijo mientras su esposa, Christina, vendía vegetales un sábado por la tarde en la finca de 40 acres que operan en las tierras de los padres de él.

Luego enumeró las evidencias: una sequía prolongada en el 2015, unas lluvias cada vez más pesadas y, por primera vez en más de una década, de repente, no puede cultivar brócoli. Otro huracán, agregó, podría ser la gota que colme la copa.

“Para nosotros es preocupante, si sucede de nuevo…”, dijo, mientras su voz se apagaba. “La forma en que las tormentas de este año se fortalecieron tan rápido es el asunto”.

Henley, Correa y Gasperi culpan al cambio climático acelerado por el calentamiento global, y a la inacción de sus gobiernos la gravedad de las pérdidas de sus islas, y están preocupados de que el océano y los eventos climáticos extremos como Irma y María continúen exponiendo la fragilidad de sus infraestructuras así como las defectuosas prácticas de construcción que persisten en estos territorios.

Según una investigación regional del Centro de Periodismo Investigativo (CPI) y media docena de medios de comunicación del Caribe, sus historias son un retrato de cómo el cambio climático no solo erosiona las costas de estos territorios y otras islas del Caribe, sino que además destruye la vida comunitaria y la actividad económica, a plena vista,  sin que los gobiernos tomen acción para proteger a los ciudadanos.

Los expertos concurren. Ramón Bueno, coautor de uno de los pocos estudios existentes sobre cambio climático en el Caribe, dijo que hay consenso en la comunidad científica en que el aire más caliente en la atmósfera, causado por el calentamiento global, transporta más humedad, la cual a su vez aumenta el nivel del mar y provoca tormentas más fuertes, con más lluvia y peores marejadas.

Estas fueron algunas de las conclusiones del informe más reciente del Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), titulado 5to Informe de Evaluación (AR5), publicado en noviembre de 2014. El IPCC, donde colaboran más de 2,000 científicos de 195 países socios, es la principal fuente mundial de información científica sobre el cambio climático y sus efectos.

Mientras que puede ser que la frecuencia en el número de huracanes no cambie mucho, o incluso que disminuya algo en su total, lo que es cada vez más probable con el calentamiento es que una mayor proporción sean de ‘altas categorías’ — o sea, que probablemente veamos más de los peores aunque en total no hayan más tormentas”, dijo Bueno.

El científico trabajó en el Instituto Global de Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad de Tufts (GDEI, por sus siglas en inglés) y fue científico del Instituto Ambiental de Estocolmo y, además, desde 2013 ha sido un consultor independiente especializado en cambio climático.

“El problema es que, como el 2017 puso bien claro, unas pocas tormentas de categoría 4 o 5 representan una muy seria amenaza a la sustentabilidad de las comunidades en las islas del Caribe; peor cuando el mismo sitio es ‘tocado’ por más de una. Tras María, una mera tormenta tropical, o huracán de categoría 1, sería devastador”, agregó.

El Dr. Kerry Emanuel, profesor de ciencias atmosféricas en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde actualmente está trabajando en dos estudios sobre el impacto de los huracanes en el Caribe, afirmó que hay consenso en dos efectos del cambio climático: primero, el nivel del mar está subiendo y, segundo, la cantidad de lluvia está aumentando. Puntualizó que ambos efectos están destinados a causar serios daños por inundaciones provocadas por huracanes en el Caribe.

En la ciudad costera de Rincón, en el noroeste de Puerto Rico, Julián Rodríguez sabía que en 10 años podrían pasar muchas cosas, pero no imaginaba que sus dos apartamentos familiares en la playa — una inversión de más de $400,000 — pudieran destruirse de la noche a la mañana. Durante el huracán María, el mar socavó los cimientos del Rincón Ocean Club II, un condominio de tres pisos junto a la playa, y su sueño se convirtió, literalmente, en sal y agua.

“Si te soy honesto, me imaginaba que esto iba a pasar. Habí​a​ visto que esto había pasado tres veces ya, con tormentas tropicales que pasaban por el sur de Puerto Rico; aunque no le dieran a la isla y en Rincón no cayera una gota de lluvia, la marejada llegaba y la verja del condominio terminaba en el mar. Cuando me dijeron que venía un huracán categoría 4, yo sabía la que había”, recordó.

Cuando su familia compró los dos apartamentos, Julián recuerda haber haber jugado en una playa arenosa de unos 30 pies de ancho. Nunca se le ocurrió que el mar acabaría tragándose el edificio, que tiene poco menos de 15 años. “Y muchos de los que tienen, o tenían, apartamento aquí todavía deben hipoteca. Uno compra esto pensando que de aquí a 30 o 40 años todavía lo va a tener”, dijo.

Hace 10 años Ramón Bueno y sus colegas en Tufts GDEI —Cornelia Herzfeld, Elizabeth A. Stanton y Frank Ackerman — vieron esto venir. En su estudio El Caribe y el cambio climático: Los costos de la inacción, realizado en el 2008, advirtieron que las dos docenas de naciones y territorios insulares del Caribe, con sus 40 millones de habitantes, eran particularmente vulnerables a los efectos del calentamiento global, aunque figuran entre los países que menos han contribuido a la emisión de los gases de efecto de invernadero que provocan el fenómeno.

Los investigadores analizaron escenarios optimistas y pesimistas, basados en los parámetros de estudio utilizados por el IPCC, y proyectaron pérdidas de $22 mil millones para el año 2050 -o el 10% del Producto Interno Bruto de la región- analizando los daños promedio por huracanes, pérdidas de turismo y daños a la infraestructura debido a los aumentos del nivel del mar provocados por huracanes. No obstante, las proyecciones individuales de pérdidas varían mucho de una isla a otra, con algunas en el rango del 40% y Haití en la parte superior con un 61%.

A medida que los niveles del océano aumentan, las islas más pequeñas pueden desaparecer bajo las olas. A medida que las temperaturas aumentan y las tormentas se vuelven más severas, el turismo — el elemento vital de muchas economías caribeñas — se reducirá y, con ello, se reducirán también tanto los ingresos privados como los impuestos públicos que financian la educación, los servicios sociales y la infraestructura”, dijeron los científicos.

Ahora el impacto concreto del aumento del nivel del mar y de las temperaturas, y los fenómenos meteorológicos extremos no son una proyección futura, sino una dura realidad. La investigación regional de CPI documentó que ya están ocurriendo inundaciones continuas, desplazamientos de poblaciones, pérdida significativa de costas e impactos sobre negocios turísticos en lugares como Puerto Rico, BVI, USVI, Dominica, Panamá, República Dominicana y Haití.

La isla de Palominito, un conocido punto para navegantes y turistas en la costa este de Puerto Rico, casi ha desaparecido.

Los huracanes recientes incrementaron drásticamente la erosión costera y expusieron la fragilidad de la infraestructura y el impacto, que en cientos de casos resultó letal, para los ciudadanos de las islas que fueron más afectadas: Puerto Rico, BVI, USVI, Dominica, Barbuda y Saint Martin.

Como región, ahora tenemos que mirar particularmente los eventos del año pasado y las proyecciones del futuro y concluir que esta es la nueva realidad para el Caribe y tenemos que protegernos”, dijo el Dr. Ulric Trotz, el subdirector y asesor científico para el Centro de Cambio Climático de la Comunidad del Caribe en Belice.

En medio de la devastación catastrófica que Irma provocó en las BVI, es fácil olvidar que otro desastre natural había azotado el territorio unas tres semanas antes.

Mientras los residentes se preparaban para el desfile anual del Festival de Emancipación en agosto, el cielo se oscureció y empezó a llover. Acto seguido, se canceló el desfile. Un puñado de compañías se presentó de todos modos, bailando por la ciudad capital de Road Town, mientras caían truenos y llovía torrencialmente.

Durante las próximas 24 horas, cayeron unas 16 pulgadas en partes de la isla de Tortola.  La ciudad capital y otras áreas se inundaron a un nivel sin precedentes.

Desde entonces, líderes han llamado al desastre “La inundación del siglo”. La directora del Departamento de Manejo de Desastres de las BVI, Sharleen Dabreo, indicó que desde el 2003, las inundaciones catastróficas llevan golpeando al territorio en un ciclo de siete años.

“No son sólo Irma y María. Es que tienes estos eventos de inundación provocados por estas depresiones [climáticas], que es algo que no tenías en el pasado”, dijo DaBreo y agregó: “Tiene que haber una mejor relación entre la comunidad científica y los elementos de planificación de desarrollo del gobierno”.

La profesora de geología y geógrafa de la Universidad de Puerto Rico, Maritza Barreto-Orta, quien ha realizado numerosos estudios sobre la erosión de las playas en Puerto Rico y la República Dominicana, concurre. En Puerto Rico encontró que, entre 1970 y 2010, el punto de medición más afectado, que se encuentra precisamente en Loíza, tuvo una pérdida neta de 70 metros. Desde 2011, en algunas áreas, el promedio de pérdida anual (de dos metros) ha aumentado a más de cuatro metros.

Una semana después de María, Barreto y su equipo visitaron el 75% de las 1,225 playas de Puerto Rico y documentaron visualmente la marcada erosión y aplanamiento provocada por el ciclón. El caso más grave fue encontrado en el sector La Boca en el municipio de Barceloneta, donde la playa se redujo de sus 60 metros (180 pies) a solo cuatro metros (12 pies). Actualmente, la catedrática está solicitando fondos estatales y federales para actualizar su estudio ancla de erosión costera completo.

“Siento que hay una falta de confianza hacia la academia y eso es un problema grave porque el gobierno tiene que confiar en la información que generan los expertos y los científicos”, dijo. “Al mismo tiempo, la academia debe ir a vistas públicas y dejarse sentir, porque el conocimiento que generamos es importante para la política pública”.

 

Para leer la historia completa, visita el Centro de Periodismo Investigativo.

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