21 de Julio de 2017

[OPINIÓN] Oscar conmutó a Obama

Por el 19 de enero de 2017

“Rick: ‘Don’t you sometimes wonder if it’s worth all this? I mean what you’re fighting for.’

Victor Laszlo: ‘You might as well question why we breathe.'”

– Casablanca (1942)

La relación de Barack Obama con Puerto Rico hasta ahora había sido comerse un sándwich. Una de las lecciones más grandes que podemos sacar de la lucha por la excarcelación de Oscar López Rivera es que, cuando la causa es justa y el pueblo se une de manera concertada y eficiente, incluso los líderes políticos más poderosos se ven presionados a ceder ante lo correcto.

Otra de las lecciones de la lucha por la liberación de Oscar es hacernos creer un poco más en la consecución de la justicia, a tener esperanza en los resultados, a luchar con fe. En los tiempos más sombríos y desesperanzados que hemos vivido en años recientes, la resolución del caso Oscar ofrece luz. Por eso se le llama preso político, porque tiene peso más allá de su figura. Por eso hay quienes aún se oponen a su excarcelación, porque sí representa y significa mucho.

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El autor, José Rodríguez Irizarry, es abogado y activista por los derechos de las comunidades LGBTT. Además, fue el autor de la petición de excarcelación de Oscar López Rivera que superó las 100,000 firmas y provocó una respuesta de Casa Blanca.

El fin del movimiento por Oscar siempre fue su excarcelación. Es fácil comprender por qué ante la lucha por la libertad de un ser humano que llevaba más de 30 años preso, el fin justifica los medios. Hay que catalogar la campaña por la liberación de Oscar como exitosa, pero ahora también nos podemos ofrecer el espacio para analizarla críticamente.

Funcionó presentarlo como el pobre anciano que ansiaba ver el mar, y en parte es porque sin duda lo es. Dicho eso, cuando finalmente esté libre, no debemos pecar de convertirlo en el Mickey Mouse de la independencia o en el selfie más cool del momento. Los 35 años de Oscar en cárcel merecen más que eso. Nosotros como puertorriqueños le debemos mucho más que eso.

Merece recordarse su verdadera y controversial lucha, su sacrificio, su entrega, su valentía, el haber puesto en juego su integridad y su vida, su lucha armada por lo que consideraba un fin justo. Conviene compararle a las decenas de figuras que otros países veneran y admiran que también dieron esa lucha armada y se les recuerda debidamente por ello. Figuras que -contrario a Oscar- le sonríen quienes escribieron la particular historia de su patria.

Oscar es uno de nuestros pocos revolucionarios. Luchó y admite aún luchar por la descolonización y la independencia de Puerto Rico. Es nuestro deber honrarle al retomar adecuadamente esa lucha. Quizás no a través del método que el grupo al que él pertenecía usó, pero sí con la misma vehemencia, dedicación y disposición de sacrificio. Si la vida es lucha toda, Oscar nos lleva 35 años de delantera.

Hay que agradecerle a Obama este gesto de conmutación de sentencia como se agradece algo que se debía dar por sentado. El héroe no es Obama, que sólo se come un sándwich y firma un papel. El héroe es Oscar, cuyo símbolo une a un pueblo y presiona a un imperio hasta obtener su libertad.

Es Oscar cuya cordura y paciencia nunca titubeó aún con 35 años de cárcel sobre sus hombros, de los que pasó 12 años en encierro solitario de 23 horas diarias. Obama sí vaciló durante los dos cuatrienios que tuvo para actuar en un caso por el que no existía razón legal ni humana para mantener tras las rejas a una persona tantos años por un crimen para el que la condena máxima son 20. El desenlace del caso de Oscar es el único legado positivo que deja la presidencia de Obama a un Puerto Rico que sufre la peor crisis económica de su historia. Oscar conmuta a Obama. Y como aprendieron muchos ayer, una conmutación es sólo una rebaja de sentencia.

En cuatro meses recibiremos en Puerto Rico a nuestro último preso político. Espero que luego de la abundancia de amor que le será ofrecida por el pueblo puertorriqueño, tenga espacio suficiente para vivir sus días en paz junto a su familia. Me imagino a algún integrante de la prensa cuestionarle “Oscar, ¿valió la pena todo esto?”. Y que conteste como Victor Lazslo en Casablanca, “You might as well question why we breathe”.

Con sus acciones, aún sin decirlo, es la lección necesaria que nos deja a todos. Sueño mientras estoy despierto. Como lo que parece su liberación, excepto que es real gracias a todo aquel y aquella que se levantó a luchar. Gracias a todos nuestros imprescindibles.

 

El autor posee un Juris Doctor y un bachillerato en ciencias políticas de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. En 2013, fundó la organización sin fines de lucro Heterosexuales por la Igualdad para ofrecer otro frente activo en la lucha por los derechos de las comunidades LGBTT en Puerto Rico. Actualmente, es coordinador del Instituto del Género y Educación de Avanzada (IGEA), del Proyecto Matria. A través de dicho programa educativo, se ha especializado en brindar talleres y conferencias a poblaciones escolares, universitarias y profesionales, y ha contribuido a la lucha favor de los derechos humanos con campañas y participaciones mediáticas en defensa de causas feministas y LGBTT.

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