18 de Octubre de 2017

Ottawa: la ciudad más británica de Norteamérica

Por el 17 de Septiembre de 2017

Para visitar una ciudad muy británica, no hay que ir tan lejos como Inglaterra. La tenemos bastante cerca, en Norteamérica, específicamente en Canadá. Es una ciudad de edificios antiguos muy europeos, de cúpulas altísimas, iglesias grandes y hasta cuenta con sus propios guardias de chalecos rojos y gorros peludos. Y aunque tiene un gran aire inglés, esta preciosa urbe posee un nombre indígena. Se llama Ottawa y es la capital no solo de la provincia de Ontario, sino de todo Canadá.

Ir a Ottawa no es tan complicado. Con la mayoría de las líneas aéreas se llega tras una o dos conexiones. También, Air Canada ofrece vuelos de temporada, usualmente en invierno que van sin escala desde San Juan a Toronto o Montreal. Desde cualquiera de las dos se llega a Ottawa en vuelos de no más de una hora y media.

Ottawa es tan británica, que todas las mañanas de junio a agosto se celebra una pomposa ceremonia de cambio de guardia igual que la del palacio de Buckingham. (Andrés O'Neill/CB)

Ottawa es tan británica, que todas las mañanas de junio a agosto se celebra una pomposa ceremonia de cambio de guardia igual que la del palacio de Buckingham. (Andrés O’Neill/CB)

A los que les gustan los “road trips”, pueden alquilar carro en Montreal y manejar dos horas hasta Ottawa. Pueden hacer lo mismo desde Toronto pero es bastante más lejos. El trayecto es de casi cinco horas, pero la ruta es muy bella, con tramos largos que bordean el gran lago Ontario.

A los que realmente les fascinan los viajes en auto y a la vez desean economizar en los pasajes aéreos, pueden volar a Nueva York y manejar directamente a Ottawa. Es una opción larguísima de casi nueve horas sin contar paradas, pero es una ruta muy linda que lleva por los campos de upstate New York y el encantador estado de Vermont. También pasa por parte de la provincia francófona de Quebec. Eso sí, asegúrense de tener reservaciones de hotel y otras evidencias del viaje porque los oficiales en la frontera hacen preguntas muy incisivas. Lo mismo en el regreso hacia Estados Unidos.

Hay muchas atracciones en Ottawa, pero las principales giran alrededor de Parliament Hill, la loma en la que se encuentra el bellísimo edificio del parlamento canadiense. El edificio y los terrenos del frente son en sí un gran punto turístico, así como su patio trasero, que posee una vista muy bonita del río Ottawa y de la vecina provincia de Quebec, específicamente de la ciudad de Gatineau.

A uno o dos bloques de Parliament Hill está el canal Rideau, una muy antigua vía acuática que conecta al río Ottawa con el lejano lago Ontario. Ya no es relevante en términos militares o comerciales, pero sí turísticos. En el invierno se practica el patinaje sobre hielo y en verano ofrecen paseos en botes.

Ottawa es tan británica que durante todas las mañanas desde junio hasta finales de agosto se realiza una pomposa ceremonia del cambio de guardia. Como si estuvieran frente al palacio de Buckingham, dos pelotones de canadienses en el uniforme tradicional inglés marchan frente a las torres del parlamento y se encuentran en el centro del terreno para formalmente pasarle la responsabilidad de la vigilancia al otro.

El ambiente es tal que en cualquier momento esperaba ver los tradicionales taxis negros londinenses o una double decker, las típicas guaguas rojas de dos pisos.

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