21 de Mayo de 2019

Banco bueno, banco malo

Por el 26 de Agosto de 2016

El Banco Gubernamental de Fomento (BGF) está “respirando con ventilador” y hay muchos detractores —ninguno de ellos médicos— que quieren “desconectarle la máquina” a la moribunda entidad. Lo que antes fue el agente fiscal del gobierno a cargo de emitir y manejar la deuda municipal de unos 18 créditos diferentes —que incluyen los otrora codiciados bonos de obligación general y los bonos respaldados con impuestos de Senior Sales Tax Financing Corp.— se ha reducido a $160 millones en liquidez. “Banco malo”, dice el coro de detractores que piden su liquidación.

Los enemigos del BGF tendrán que enfrentarse a Alberto Bacó Bagué, el secretario de Desarrollo Económico y Comercio, quien después de tomar las riendas de la atribulada institución insiste en que vale la pena salvar el banco. En una entrevista exclusiva con este periódico, Bacó dijo que está llevando a cabo un estudio que explica la viabilidad del banco y por qué es esencial para la economía de Puerto Rico.

Bacó va a necesitar el estudio para presentar su caso ante los miembros de la junta de control fiscal federal que estarán muy interesados en saber cómo el banco se descarriló y por qué deben confiar que la propensión del banco a proporcionar préstamos sin financiamiento finalmente cambiará .

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Casi lo podemos visualizar: miembros de la junta creada por la Ley para la Supervisión, Gerencia y Estabilidad Económica de Puerto Rico (Promesa, por sus siglas en inglés) citando un clásico de Santana: “You’ve Got to Change Your Evil Ways” (Tienes que cambiar tu mala conducta). A Bacó se le hará difícil censurar las prácticas cuestionables de la institución porque había sido parte de la junta de directores del BGF.

Una mejor estrategia sería presentar estados financieros auditados: esos números son esenciales para ayudarle a reiterar el pedido de sobrealimentar el banco y habilitarlo para que contribuya al desarrollo económico de Puerto Rico.

Si Bacó se las arregla para dar a conocer los estados financieros auditados antes del 25 de diciembre, como ha prometido el presidente del BGF, al menos logrará la restauración de la buena fe —más no así del crédito de la institución.

La economía de Puerto Rico se encuentra en un bajón de proporciones apocalípticas y la creación de empleos será requisito para ponerla nuevamente en marcha. Sin eso, no habrá acceso a los mercados. Punto.

Así que a Bacó ahora le preocupa que, si el otrora agente fiscal desaparece, eso le causará enormes problemas a muchos municipios que entonces tendrán que recurrir a los bancos del sector privado para obtener financiamiento. Los nuevos principios de la banca en un mundo financiero limitado por las pruebas de estrés evitarán que los municipios completen las obras públicas a largo plazo. No tendrán acceso al capital, dice Bacó. Esa es una razón para mantener el banco vivo. Otra es conservar la Autoridad para el Financiamiento de la Vivienda de Puerto Rico, una entidad bajo el alcance del GDB que se encarga de obtener financiamiento para la vivienda de interés social. Sin la experiencia de los funcionarios adscritos a esa unidad, Bacó insiste que se perderían cientos de millones de dólares destinados a obras de interés social.

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Si bien es cierto que la desaparición del BGF sería mortal para la economía de Puerto Rico, ¿cómo convencerá a los detractores del banco que es preciso revitalizar la institución y no cometer los mismos errores otra vez? Él cree que puede hacerse con un modelo similar al del Banco Asiático de Desarrollo, que se nutre de la experiencia y el capital del sector privado para manejar las inversiones en obras que pueden ayudar a crear empleos.

Durante mucho tiempo, Puerto Rico fue lo más apetecible desde el pan sobao. Sí, hubo un momento en que fuimos noticia de primera plana: “Extra, extra, noticia de última hora: Puerto Rico ofrece bonos triplemente exentos de impuestos con prístinas calificaciones de crédito”.

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Esa fue una oportunidad dorada que fue subestimada por nuestros gobiernos. Cuando Puerto Rico comenzó a perder más del 40% de los fondos en los bancos locales vinculados a la Sección 936 y los empleos se perdieron por decenas de miles, en ese momento debimos haber enderezado el barco.

Pero dimos y dimos y no recibimos suficiente creación de empleos a cambio. Tal vez debemos pensar en eso ahora que nos proponemos empezar de nuevo.

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