18 de Julio de 2019

[COLUMNA] El fin de una era

Por el 2 de Septiembre de 2016

 En 2006, la Editorial de la Universidad de Carolina del Norte publicó “Puerto Rico in the American Century” (Puerto Rico en el siglo americano), una historia de Puerto Rico desde el 1898, escrito por César J. Ayala y este servidor. En nuestra conclusión escribimos lo siguiente:

“Al momento de realizar este escrito, la disminución del empleo en la manufactura continúa, la deuda pública ha alcanzado niveles sin precedentes y las agencias de calificación de Wall Street están próximas a degradar los instrumentos financieros del gobierno de Puerto Rico al nivel de bonos chatarra. Más crítico aún, las agencias gubernamentales han agotado sus fondos dos meses antes que concluya el año fiscal 2005-2006. Un impasse entre la rama ejecutiva controlada por el Partido Popular Democrático y una Legislatura liderada por el Partido Nuevo Progresista forzó el despido de cerca de 100,000 empleados públicos en dos semanas. Coincidiendo con esto, el Congreso estaba llevando a cabo vistas sobre los posibles mecanismos para lidiar con el asunto del estatus. La erosión del prestigio de los principales partidos políticos, la crisis fiscal y la creciente exasperación en la isla, en Wall Street y en Washington en cuanto a la situación general de Puerto Rico: la sociedad puertorriqueña se encuentra al final de una era”.

Lo menos que puede decirse es que estas palabras fueron proféticas: el empleo en la manufactura continuó disminuyendo, la deuda pública aumentaba en espiral ascendente, los bonos de Puerto Rico fueron rebajados a calificación de bonos chatarra en 2014 y la mayoría de los analistas finalmente reconocieron que la deuda de Puerto Rico es insostenible y debe ser reestructurada (cómo y en qué condiciones es harina de otro costal). Puerto Rico, como señalamos hace una década, se encuentra al final de una era.

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(Foto suministrada)

Las disposiciones de la Ley para la Supervisión, Gerencia y Estabilidad Económica de Puerto Rico (Promesa por sus siglas en inglés) a su manera son un reconocimiento de que la crisis de Puerto Rico no puede abordarse mediante estructuras legales e institucionales existentes. Si los cambios que Promesa persigue representan el mejor interés de Puerto Rico es nuevamente una cuestión muy diferente. Precisamente porque sentí en el 2006 que Puerto Rico estaba al final de una era, me uní a los esfuerzos de fundar el Partido del Pueblo Trabajador —al igual que durante la Gran Depresión de la década del 1930, si queremos abrir un nuevo capítulo en nuestra historia social y económica necesitamos nuevos vehículos políticos.

Y necesitamos nuevos partidos políticos. Puerto Rico tiene muchos problemas complejos (económicos, administrativos, ambientales, de salud, etc.). Necesitamos propuestas para abordarlos de una manera coherente. Es decir: necesitamos un programa integrado. Pero un programa no se ejecuta a sí mismo: se necesitan personas para apoyarlo y echarlo adelante. Y necesitamos candidatos que lo representen. Esto es lo que un partido es, o debería ser: un programa, personas organizadas democráticamente para promoverlo y candidatos que buscan legislar y ejecutarlo. Estimo que necesitamos nuevas opciones más allá de los dos partidos que nos han llevado al actual callejón sin salida y que esas opciones debe ser participativas y colectivas.

En 2006 indicamos la raíz del problema de la creciente crisis de Puerto Rico: el agotamiento de una política de desarrollo centrada en la exención contributiva y una dependencia casi absoluta en la inversión externa. No fuimos los primeros en señalar esto. Por ejemplo, en 1975 y en su informe sobre las finanzas del gobierno, el economista James Tobin advirtió sobre el creciente escape de ganancias. En cuanto al informe de Tobin, que escribió en 2006: el autor “señaló que el escape de ganancias que resulta de control externo… se reflejó estadísticamente en la creciente brecha entre el producto interno bruto (PIB) y el producto nacional bruto (PNB)… Mientras menos expansión del PIB se reflejara en el crecimiento del PNB, menos capaz sería la expansión económica de la isla de traducirse en bienestar para sus habitantes. El informe predijo que ‘la creciente dependencia en los recursos externos’… tendería a aumentar la brecha”.

Esta es la brecha que tenemos que reducir: tenemos que asegurarnos de que mucha más de la riqueza generada en Puerto Rico se reinvierta aquí. Estamos atrapados en el círculo vicioso de la dependencia: carecemos de fondos de inversión, exhortamos a que capital externo invierta aquí, pero la mayor parte de las ganancias generadas salen de la isla y estamos de vuelta en el punto de partida. Nuestra meta debe ser una transición a un círculo virtuoso de desarrollo autosostenido en el que los ingresos generados aquí son reinvertidos aquí, generando una expansión autopropulsada. Es por esto que una nueva versión de la Sección 936 no va a funcionar: sería otra vuelta en el círculo de la dependencia. Si bien la Sección 936 coincidió con un crecimiento moderado, no debemos olvidar que nunca fue capaz de reducir el desempleo por debajo del 10% o los niveles de pobreza por debajo del 40%. Fue irresponsable eliminarlo sin nada que lo reemplazara, pero eso no significa que sea una alternativa adecuada para la crisis actual.

En resumen, hay dos caminos ante nosotros. Uno favorece la reducción en el gasto público y el empleo gubernamental, los programas de sueldo mínimo y de bienestar social, la erosión de los derechos laborales, una reforma fiscal regresiva dependiente de los impuestos al consumo y nuevas medidas de exención contributiva. A lo sumo, este camino convertiría a Puerto Rico en una plataforma de exportación empobrecida. Nos insertaría en la economía global, no a través de una mayor productividad, sino mediante una mayor explotación de nuestra fuerza laboral.

El otro camino insiste en que no confundamos la productividad con la explotación: este camino favorece una revisión radical de las medidas de exención contributiva, una reforma contreibutiva progresiva combinada con medidas contra la evasión y la promoción activa de iniciativas industriales y agrícolas comprometidas con la reinversión. Nuestro problema estructural es una economía que no retiene una parte considerable de la riqueza que se genera dentro de ella. Si no atendemos este problema estructural vamos a seguir perpetuando las consecuencias del desarrollo dependiente que nos han atormentado durante décadas.

—Rafael Bernabe es el candidato a la gobernación por el Partido del Pueblo Trabajador (PPT), de cual es uno de sus fundadores. Historiador y sociólogo, Bernabe ha sido profesor de la Universidad de Puerto Rico por más de 20 años y ha sido presidente de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios. Ha estado activo en muchas causas sociales, incluyendo los derechos de los trabajadores, las mujeres, los inmigrantes, la comunidad LGBTTIQ y el medioambiente.

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