18 de Octubre de 2019

[COLUMNA] Puerto Rico: Creando la mejor receta para el desastre desde el 1898

Por el 11 de Agosto de 2016

POR: LCDA. ALEXANDRA LÚGARO
Candidata independiente a la gobernación de Puerto Rico
Facebook / Twitter

lugaro columnaPor 118 años, la mejor receta para el desastre ha sido creada en Puerto Rico. Con el paso del tiempo, cocineros de múltiples trasfondos y sectores han contribuido en gran medida a mejorar el brebaje ya reconocido a nivel internacional. A pesar de que el origen exacto de la receta sigue siendo un misterio, muchos apuntan al estatus colonial del territorio no incorporado de los Estados Unidos como su único creador. Sin embargo, la historia ha demostrado que los gobiernos locales altamente ineficientes, los secretarios de agencias incompetentes, los sindicatos, las uniones intransigentes, las asociaciones egocéntricas, los codiciosos propietarios de fondos de cobertura, los empresarios no innovadores y millones de votantes desinformados han contribuido a la fórmula.

Durante casi un siglo, el gobierno de los Estados Unidos ha sido una figura clave en el desarrollo de la mezcla, suministrando uno de sus ingredientes principales: la Ley Jones. Esta ley, que obliga que todos los envíos hacia y desde los puertos de Estados Unidos se lleven a cabo con barcos y tripulaciones estadounidenses, ha disminuido la capacidad de Puerto Rico para competir en los mercados globales al aumentar los costos de importación de manera desproporcionada, haciéndolos al menos dos veces más altos que en las islas vecinas. Desde el 1920, este obsoleto aditivo ha costado casi $78,500 millones a Puerto Rico, una cantidad que supera su deuda pública.

La intervención federal, sin embargo, no se ha limitado a añadir elementos a la mixtura. A través de los años, han hecho el desastre más amargo al extraer los principales condimentos como la Sección 936 del Código de Rentas Internas de los Estados Unidos, que otorgó generosos incentivos contributivos a las empresas estadounidenses que operan en Puerto Rico, marcando el comienzo de una profunda recesión que ha durado hasta hoy.

Más recientemente establecieron los topes estatutarios de financiamiento y los límites en el gasto máximo para la salud y los servicios humanos en la isla, a pesar de que los residentes de Puerto Rico pagan las mismas tasas de la Seguro Social y Medicare que los residentes del continente y su gobierno debe cumplir con todas las regulaciones federales de salud. Esto ha llevado al programa Medicaid de Puerto Rico a recibir una tasa de reembolso que es un 70% inferior a la de cualquier estado y que a su programa de Medicare Advantage se le pague el 60% de la tasa promedio. Debido a esta ruinosa infradotación, el gobierno de Puerto Rico terminó teniendo que pagar la factura, que representa $25,000 millones de la deuda total de la isla. Además de eso, las enormes disparidades en las tasas de reembolso de Medicare y Medicaid han provocado el éxodo de más de 3,000 médicos y miles de otros profesionales de la salud durante los últimos cinco años, colocando al sistema de salud de Puerto Rico al borde del colapso.COLUMNA LUGARO

Sin embargo, no hay duda que las administraciones políticas bipartidistas de Puerto Rico que cuentan con 64 años de trayectoria son las que primordialmente han enriquecido el desastre con déficits presupuestarios, corrupción sistémica, improvisación política pública, un sistema de patrocinio y financiamiento privado de campañas políticas que más tarde resulta pagado con contratos innecesarios a personas no cualificadas.

Hoy día, la receta más cara para el desastre está compuesta por $70,000 millones de deuda pública, acumulación de impagos, décadas de recesión, una relación deuda-PIB del 70%, planes de pensiones enormemente mal financiados, una tasa de desempleo de 11.4%, una tasa de pobreza de 45%, un fallido sistema de educación pública, la dependencia del petróleo para generar electricidad, un contraproducente sistema de bienestar social que ha dado paso a una tasa de participación laboral del 40.5%, el impuesto sobre las ventas más alto de cualquier estado o territorio de los Estados Unidos que alcanza el 10.5%, la producción concentrada en industrias con disminuida demanda, un mal posicionamiento en el mercado de exportación, un sistema de salud deteriorado, una baja inversión en investigación y desarrollo, el envejecimiento de la población, un brote de virus Zika y la emigración masiva.

Cansados de tener que “comerse” esta mezcolanza de mal gusto tres veces al día, los puertorriqueños han intentado cambiar la receta a una de éxito durante décadas. Sin embargo, han estado tratando de hacerlo añadiendo nuevos ingredientes al desastre existente o deshaciéndose de algunos de sus elementos más insípidos, ignorando por completo que el amasijo ya es tóxico.

En menos de un mes, el presidente de los Estados Unidos enviará siete nuevos cocineros a la isla en virtud de la Ley para la Supervisión, Gerencia y Estabilidad Económica de Puerto Rico (Promesa por sus siglas en inglés). Que vengan a menear el mismo caldo viejo será desperdiciarlos. Puerto Rico debe utilizar esta como una oportunidad para empezar de nuevo y conseguir un chef ejecutivo local, innovador y capaz para esa cocina que no provenga de las mismas escuelas que los anteriores. Un chef que traiga toda una gama de nuevas especias como: planificación estratégica de desarrollo económico a mediano y largo plazo, un sistema de méritos, herramientas tecnológicas para lograr la eficiencia gubernamental, reformas en el financiamiento de campañas y pensamiento evolutivo.

La nueva receta de Puerto Rico definitivamente debe incluir el atraer inversión extranjera directa en actividades cercanas a la frontera tecnológica, la internacionalización de las pequeñas y medianas empresas locales, la diversificación y modernización de la manufactura, el desarrollo de las exportaciones y el crecimiento mediante el mejoramiento de la productividad y la creación de nuevos bienes y servicios, una política de innovación que defina la estrategia de desarrollo nacional, la creación de alianzas público-privadas, un sistema de salud universal, la aplicación efectiva de las leyes e incentivos para un efecto sistémico coordinado y la reinvención de un sistema educativo realmente poderoso.

Es hora de que los puertorriqueños se den cuenta de que nunca lograrán que el desastre mejore si continúan utilizando los mismos ingredientes. Ha llegado el momento de cambiar la receta. Para tener éxito, lo primero que Puerto Rico necesita es alguien derrame el caldero.

—Alexandra Lúgaro es candidata independiente a la gobernación de Puerto Rico. Abogada de profesión, posee grados de la Universidad de Puerto Rico y la Universidad Complutense de Madrid. Su experiencia profesional incluye fungir como directora ejecutiva de Metropolitan New School for America y de America Aponte & Associates Corp. También estuvo a cargo de su propio bufete de abogados, Lúgaro Law.

image_print

You must be logged in to post a comment Login