13 de Noviembre de 2019

[COLUMNA] Se nos está yendo la guagua…

Por el 18 de Agosto de 2016

Por Manuel Cidre

Mi compañeros puertorriqueños, a través de los años he tenido el privilegio de servir a Puerto Rico en diferentes plataformas y funciones. Mi experiencia multisectorial me ha mostrado nuestra isla en sus distintas dimensiones. Gracias a esta exposición he desarrollado una pasión que me impulsa a transformar a Puerto Rico. Esa misma pasión me ha traído hoy aquí para hablar con ustedes sobre el país que todos merecemos.

Sin duda Puerto Rico no es el país que solía ser. Hace sesenta años otras naciones nos veían como un ejemplo a emular. Nuestra entonces nueva Constitución fue elogiada por su originalidad, nuestra economía estaba boyante y nuestros hombres de Estado eran exaltados a nivel internacional. Había pan en nuestras mesas, el país se estaba moviendo hacia adelante y la gente estaba llena de júbilo, descubriendo con asombro las posibilidades del futuro. Sin embargo, hoy día la historia es diferente.

Sesenta años es la “edad” del único proyecto a largo plazo que Puerto Rico ha tenido. Con sus pros y contras y más allá de sus méritos y defectos, ese plan nos ayudó a industrializar nuestra isla, levantándola del fango de la pobreza e impulsándola hacia la modernidad. Sin lugar a dudas el plan fue útil durante un tiempo, pero por las vueltas de la vida el plan nunca fue actualizado o incluso tomado con la seriedad y el compromiso que merecía.

(CB / Archivo)

(CB / Archivo)

Los años se convirtieron en décadas y en un intento de remediar nuestro profundo malestar nacional, nuestros líderes políticos nunca fueron capaces de darnos más que unos pocos parches aquí y allá e incurrieron en deudas para reparar un barco que ya no tenía brújula ni capitán. Esa falta de visión, esa falta de compromiso y cohesión de los que nos precedieron nos ha puesto hoy en una situación muy difícil.

Se nos acaba el tiempo, el punto de no retorno está aquí. El tiempo es un lujo que ya no tenemos. No es preciso ser un experto para saber que nuestro país está en crisis. Nuestros residentes están desmoralizados por la situación, indefensos ante las adversidades que tienen por delante. Para muchos, el aeropuerto parece ser la única manera de escapar. Para otros, el cinismo y la ira es su refugio habitual.

Yo, por mi parte, no quiero despertar en quince años para ver el espectro del país que tanto amo. No quiero que mis nietos crezcan en un país insolvente, en un país sin un norte. No quiero ver un país donde a la policía no se le paga apropiadamente mientras arriesgan su vida día y noche en las calles. No quiero ver un país donde la educación se maneja como una empresa común y no como una prioridad del estado y de su gente. No quiero ver un país donde la salud es un lujo para algunos y no un estilo de vida para todos. No quiero ver a un país donde su economía es un simple eco del rugido de las décadas del 1950 y 1960, una mera sombra de lo que todos podemos lograr juntos como un pueblo unido.

Tenemos que hacer algo inmediatamente.

Ha llegado el momento de tomar medidas; no más titubeos, no más peleas. Ha llegado el momento de enrollarse las mangas y tomar acción; de dejar de esperar a que otros nos digan qué hacer. Es tiempo de restaurar la isla que todos amamos y merecemos. El sistema político bipartidista —que ha existido en nuestra isla desde hace más de medio siglo— nos ha fallado.

No podemos esperar mejores resultados si seguimos cometiendo los mismos errores. La lección más clara del bipartidismo en Puerto Rico es que no funciona. Ha llegado el momento de pasar la página y decirle adiós a lo que ya no es útil. Divididos estamos destinados a fracasar, pero unidos podemos dar una buena pelea. Yo sé que lo que digo es verdad y tengo fe de que puedo hacer algo al respecto.

Hay muchos que no creen en mi candidatura. Habrá escepticismo, eso lo sé. Después de todo, cada cuatro años es la misma historia. Los candidatos hacen promesas y viajan a través de la isla con ruidosas caravanas, pero después de las elecciones es otra historia. No importa qué partido gane, una vez que termina la luna de miel las cosas vuelven al mismo amiguismo, a las agendas ocultas y al saqueo excesivo de lo que queda de nuestra isla.

Damas y caballeros, esto tiene que terminar.

Tenemos que arrancar de raíz toda la decepción y la negatividad que han distorsionado el proceso democrático en la isla. Por primera vez en décadas tenemos la posibilidad real de hacer historia con nuestro voto. Tan solo hay que tener el valor de hacer historia y decir de una vez por todas, ¡basta ya! ¡No más mediocridad, no más impunidad!

Nuestro país necesita un gobierno que tome decisiones a largo plazo; un gobierno que posea un verdadero modelo de meritocracia, libre de cualquier tipo de favoritismo. Puerto Rico necesita la unidad para seguir adelante porque es allí donde está nuestra fuerza. Puerto Rico necesita dirección y estoy totalmente convencido de que juntos podemos elegir un norte común. Es por eso que esta campaña no puede centrarse en mí o en cualquier candidato en particular.

Esta campaña debe centrarse en los cientos de miles de voces puertorriqueñas que exigen un rotundo e impostergable cambio, que quieren un nuevo proyecto nacional para Puerto Rico y que quieren de una vez por todas que las riendas del gobierno estén en las manos de verdaderos líderes, no en las manos de ineptos farsantes.

Una colectividad que no puede unirse está condenada al desorden y al caos. Pero una ciudadanía unida será capaz de superar cualquier infamia. Nuestro dilema en cuanto al sistema político es que se convierte en una pesada cruz que llevamos a cuestas como pueblo, cargada de venganzas y disputas inútiles, dividiendo generaciones e incluso a familias. La inclusión no es posible en este sistema.

El estatus es un “problema” y la tiranía de la división que causa este problema no es compatible con el proyecto de país entusiasta y veraz. El asunto del estatus político debe ser resuelto y solo puede resolverse mediante la acción democrática. Respetar y obedecer las decisiones de la mayoría —con respeto y sensibilidad en cuanto a las necesidades de la minoría— es la dirección que siempre debemos seguir. Más importante aún, ejecutar esas decisiones es la principal obligación de quienquiera que pretenda liderar a Puerto Rico. No hay otra manera y estoy listo y dispuesto a llevar ese mandato.

Ha llegado el momento de dar ese gran paso, el momento para definirnos colectivamente. La lealtad al partido no puede anteponerse a la lealtad al país. El ser humano debe ser el centro de cualquier desarrollo y nuestra voz siempre debe ser respetada y escuchada. Solo así lograremos un verdadero desarrollo e inclusión real.

Un país diferente es posible. Un país diferente es nuestra obligación. Este empresario puertorriqueño quiere hacerle saber a ustedes que hay poder en palabras pero aún hay más poder en las acciones. Este candidato independiente a gobernador quiere decirles que hay fuerza de carácter y convicción mucho más allá de los colores, mucho más allá de la izquierda o la derecha y mucho más allá del campo o la ciudad. Hay un inmenso poder en el hecho de estar unidos, en ser proactivos y tenaces. Nunca habrá nada tan poderoso como un Puerto Rico que exige disciplina, igualdad y justicia.

Los invito a aprovechar esta oportunidad de elevarse a sí mismos como un Puerto Rico nuevo y unido.

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