21 de Julio de 2019

[COLUMNA] Cómo ganar esta elección

Por el 26 de Agosto de 2016

Estamos en medio de la temporada de campaña. Para los candidatos a gobernador, la victoria o derrota dependerá, como en los Estados Unidos, de que los votantes de su partido salgan a votar en noviembre. Muchos de los votantes indecisos y no afiliados ni siquiera se presentaron a votar.

En Puerto Rico, las bases de los partidos son muy similares en tamaño. En el plano electoral, el Partido Popular Democrático (PPD) ha oscilado entre el 41% (2008) y el 49% (2000) de los votos. El Partido Nuevo Progresista (PNP) ha oscilado entre el 46% (2000) y el 53% (2008) de los votos.

LuisBalbino

Luis Balbino Arroyo (Foto suministrada)

Podemos deducir que la base del PNP es un poco más grande (entre un 3% y un 5% más grande) que la base PPD. El PNP puede movilizar a sus votantes con mayor facilidad porque tiene una agenda pro-estadidad, mientras que en el PPD hay de todo, desde estadistas hasta defensores de la independencia. Sin embargo, la diversidad es justamente lo que hace más fácil allegar votantes no afiliados al PPD. Por lo tanto, si las dos bases salen a votar, la elección será cerrada.

En su nuevo libro Party Brands in Crisis (Las marcas de partido en crisis), el Dr. Noam Lupu completa un excelente análisis de las dinámicas electorales en América Latina. Su tesis es que en tiempos buenos y malos los votantes se movilizan debido a los contrastes entre los partidos. Cuando las diferencias entre los partidos se tornan borrosas, la marca del partido se diluye y los votantes debilitan sus lazos con los partidos.

Durante las décadas del 1990 y 2000, muchos partidos políticos en América Latina implementaron medidas de austeridad. Muchos partidos de centro-izquierda tuvieron que poner en práctica políticas conservadoras de austeridad para mantener su acceso a los mercados financieros. Eso le ocurrió a Acción Democrática en Venezuela y al Partido Justicialista en la Argentina bajo Menem.

¿Qué pasa cuando los partidos de centro-izquierda adoptan medidas de austeridad? Las bases electorales de estos partidos dejan de ver los contrastes entre ellos y los partidos de centro-derecha y la lealtad partidista merma. Los votantes responden menos a las lealtades partidistas y más a recompensar y castigar al partido en el poder por el éxito económico y el fracaso. En tiempos Buenos, un partido de gobierno que se mueve hacia el centro puede obtener enormes victorias electorales. Sin embargo, en tiempos malos, los votantes castigan a quienes ocupan cargos en ese momento y al mismo tiempo la base del partido no se moviliza porque no ve la diferencia entre los partidos.

Esa tormenta perfecta provoca colapsos electorales donde un partido puede perder el 80% de sus votantes de una elección a la siguiente. Hugo Chávez ganó en 1998 precisamente por las medidas de austeridad fueron un fracaso político y los partidos tradicionales de centro-izquierda no se opusieron a ellas. Su radicalismo marcó un contraste con un gobierno impopular.

El Partido Popular Democrático también ha tenido que tomar difíciles decisiones económicas. David Bernier ha dicho, con razón, que se enfocará en solucionar los problemas económicos que enfrentamos. Él ha abierto la puerta del PPD a los estadistas y a los defensores de la independencia. Ha aceptado las propuestas que eran originalmente de el PNP tales como el referéndum “Estadidad Sí o No”. Esto ha ocurrido porque la estadidad ha ganado terreno, beneficiándose de la insatisfacción de los votantes con el estatus actual. Es una estrategia inevitable.

Pero esa estrategia de conciliar los votantes en pro de la unión permanente corre el riesgo de diluir la marca del PDP, de hacer que los votantes piensen que no hay grandes diferencias entre el PPD y el PNP. Ese es el discurso que los partidos más pequeños y los candidatos independientes están comunicando. Pero para sacar a los votantes del PPD a votar debe haber contrastes.

Hay un grupo dentro del PPD que le gustaría diferenciarse del PNP en cuanto al asunto del estatus. Ellos quieren oponerse férreamente a la estadidad y promover la soberanía política como la alternativa. Sin lugar a dudas, eso sería un contraste. Pero es un contraste electoralmente desfavorable.

Bernier tiene razón en no empujar una agenda de soberanía. La gran mayoría de los puertorriqueños y los populares rechazan la soberanía. Los partidos deben plantar bandera, pero en un terreno favorable. Contrastar al PNP en la cuestión del estatus es anti-electoral. Necesitamos votantes de todas las posturas en cuanto al estatus. Plantar bandera en el asunto del estatus ignorando las propuestas inclusivas como la Asamblea Constitucional de Estatus y rechazando la imposición de cualquier alternativa particular de estatus es electoralmente desfavorable para el PPD.

¿Qué debe hacer el PPD? Los orígenes del PPD muestran el camino. El partido se formó de un sector disidente del Partido Liberal dirigido por Luis Muñoz Marín, quien fue expulsado del partido porque insistían en una solución inmediata al asunto del estatus. Ganó en 1940 por un margen muy cerrado. Sin embargo, un análisis estadístico muestra que entre el 40% y el 50% de sus votantes a partir del 1940 en adelante habían votado por partidos pro estadidad en 1932 y 1936: los partidos Republicano y Socialista que habían gobernado durante una década. Es por eso que Muñoz Marín dice durante la campaña que “el estatus no es un problema”. Sin electores pro unión permanente, Muñoz Marín no habría estado cerca de ganar. Por eso abandonó la lucha del estatus.

Si el PPD quiere volver a ganar en noviembre y ser un partido vibrante por muchos años, debe contrastarse del PNP en un programa de gobierno y no en el asunto del estatus. Para movilizar el PDP, Bernier tiene que continuar proponiendo reformas económicas y sociales que puedan llevar nuestros votantes a las urnas. Él tiene que hacer énfasis en esos contrastes: el PPD y el PNP no gobernarán de la misma manera. Este contraste resultará atractivo para los votantes en cada bando de la cuestión del estatus que crean en un gobierno tolerante, generoso e inclusivo.

–Luis Balbino Arroyo es un abogado en la práctica privada. Anteriormente fue director legislativo del senador Ángel Rosa. Además de ser abogado, posee grados de bachillerato y maestría en física.

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