14 de Noviembre de 2019

El gobernador desconectado

Por el 20 de Julio de 2019

El internacional y vergonzosamente famoso chat en el que el gobernador y sus empleados más cercanos escribían ‒sin saberlo‒ una historia de horror revela mucho más de lo que parece a simple vista. Más allá de los aspectos legales que pueda contener, revela relaciones profesionales difusas, una ética cuestionable, pobres principios y una moral que deja mucho que desear. Más que amor y respeto hacia los puertorriqueños, expone burla y odio hacia la diversidad. Muestra a un grupo de profesionales embriagados de poder pretendiendo gobernar como si estuvieran jugando frente a un tablero de Monopolio, haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

Los vientos de irregularidades, manejos turbios, en fin, corrupción, soplaban desde hacía varios meses. Era un secreto a voces y “todo el mundo” “sabía” que la situación político- económico-social iba cuesta abajo, despeñándose como los derrumbes de los montes cuando el huracán María. Nadie, sin embargo, podía imaginar la magnitud del escándalo que ha puesto a la isla en el spotlight mundial. No es lo mismo creer saber que saber en realidad. Eso fue lo que pasó el sábado pasado. Esa mañana supimos de verdad. Esa mañana supimos la verdad.

Hace hoy siete días subió el telón para demostrar un gobierno insensible, desconectado de las necesidades de su gente. Desde no saber el color representativo del sida hasta los cadáveres para alimentar a los cuervos, lo que expone el chat es una descarada ignorancia de las necesidades del pueblo, una total desconexión de la realidad y una absoluta ausencia de empatía hacia las penurias de los habitantes de este paraíso terrenal. 

Siete días han pasado. De la sorpresa inicial ante la falta de humanidad demostrada por aquel elegido para dirigir las riendas del pueblo puertorriqueño y de aquellos elegidos por él, la gente se ha levantado, de manera sólida, casi orgánica, en una sola voz, en un reclamo contundente: Ricky renuncia. Sin pretenderlo, Ricardo Rosselló, aquel en el que los hijos de esta tierra bendita depositaron su confianza bajo la promesa de que trabajaría incansablemente por y para el país, por y para los más necesitados, por la igualdad, por el progreso, por un futuro mejor, logró lo que nadie nunca antes: unir a un pueblo cuyas diferencias políticas han sido, históricamente, fuente de discordia. Sin quererlo, Ricardo Rosselló configuró una nueva nación de Puertorriqueños Unidos Tomando Acción, acrónimo de la palabra varias veces utilizada en el chat de la vergüenza para describir a las mujeres cuyas creencias diferían de las de los “honorables” políticos. 

Siete días han pasado. Desde los más viejos hasta los más jóvenes, los más pobres a los más ricos, los más blancos a los más oscuros, la nueva nación se ha unido en grandes marchas, en marchas más pequeñas, en estribillos, para reclamar aquello que creen justo: Ricky renuncia. Sin imaginarlo, Ricky evocó lo mejor de nuestra estirpe: al taíno noble, pero valiente, cansado de los atropellos, para demandar justicia: Ricky renuncia. Atrás quedaron las diferencias, codo a codo, somos mucho más que dos: somos un pueblo unido que exige decencia: Ricky renuncia.

Siete días han pasado y la desconexión de Ricardo Rosselló se fortalece como se fortalece un huracán que encuentra aguas cálidas: a mayor reclamo de “Ricky renuncia” mayor soberbia, mayor ceguera y mayor sordera. Como evidenció el chat de la miseria, gobierno y pueblo van por caminos diferentes: Ricardo Rosselló se aferra con más fuerza que nunca al poder, mientras la voz de pueblo de vuelve más firme en un solo propósito: Ricky renuncia. Atrincherado en el palacio de Santa Catalina, repudiado por su gente, Ricardo Rosselló se aísla cada vez más en su propia fantasía de rey absoluto y evoca imágenes de líderes políticos que ignoran la voluntad del pueblo, que gobiernan sin ningún tipo de limitaciones, que promulgan y modifican leyes según su antojo y voluntad. Con el aval de las ramas legislativa y judicial, silentes y sometidas, Ricardo Rosselló se ha vuelto su propio y único gobierno. 

A los niños no se les puede dejar ganar siempre. Hay que enseñarles a perder. La vida es así. A veces se gana, a veces se pierde; pocas veces logramos todo lo que queremos y los niños tienen que aprender a manejar la frustración que surge cuando perdemos algo por lo que luchamos con ahínco y pasión. Cuando los niños aprenden a identificar sus emociones, están en una mejor posición para manejarlas, para solucionar problemas y tomar decisiones. 

Ricardo Rosselló, dile a tu niño interior que no hay nada malo en perder. Dile que perder no es sinónimo de fracaso, sino de oportunidad para aprender y para crecer. Escucha, escucha con el corazón a tus compatriotas y pon la acción donde pones la palabra, por el amor que dices tenerle Puerto Rico, escucha su petición. Pretender seguir gobernando, solo, ignorando el rechazo de tu gente, puede ser una práctica muy peligrosa con resultados funestos para nuestra ya agonizante economía, para nuestra educación y nuestra salud física y mental. Como buen puertorriqueño, como hijo de este hermoso jardín florido, con dignidad y humildad reconoce que es hora de bajar el telón.

—Sandra López es sicóloga y periodista.

—Las opiniones expresadas en esta sección no necesariamente reflejan las de Caribbean Business o de CB en Español.

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