17 de Junio de 2019

Entre broma y broma

Por el 8 de Septiembre de 2016

Nuestro dicho en español “entre broma y broma, la verdad se asoma” sería un perfecto atisbo de las noticias que rondan por los pasillos del Congreso de los Estados Unidos en cuanto a que un proyecto de ley que le concedería la independencia a Puerto Rico está ganando adeptos. El proyecto de ley establece que “es la intención del Congreso el aprobar legislación, en estrecha consulta con el Ejecutivo de los Estados Unidos, para asegurar que el Estado Libre Asociado de Puerto Rico obtenga plena soberanía como país independiente no más tarde de siete años después de la fecha de la promulgación de esta ley”. Ese es el plato principal.

El acompañante en el proyecto de ley, solo para añadir un poco de pique: “Tras más de un siglo de debates internos y externos, no hay consenso para la estadidad, ni existe un deseo a través de toda la nación para admitir un estado número 51”. ¿Podemos decir que estas verdades son evidentes?

Entonces, para poner a la gente nerviosa, una doble dosis de espresso en la Sección IV del proyecto de ley titulado “Tratado” que establece, entre otras cosas, una moneda común y que “la ciudadanía estadounidense puede mantenerse o renunciarse por las personas que son ciudadanos de los Estados Unidos [en la fecha de la promulgación de esta Ley], pero no pasará a los niños nacidos después de la promulgación de esta Ley”.editorial-philipe-schoene

El proyecto de ley contiene este tipo de preguntas entre paréntesis como “[¿y si no se establece este tratado? No hay manera de exigirle a Puerto Rico que entre en un tratado vinculante]”, lo cual nos llevaría a pensar que se trata de un globo de prueba para promover una agenda diferente.

Un cabildero en el Capitolio vinculado al Partido Republicano dijo a este periódico que el proyecto de ley es una respuesta directa a la acción legal considerada por los acreedores en el bando de los seguros de bonos monolínea y los fondos de cobertura, que al parecer tienen la intención de hacer que los Estados Unidos sea responsable de parte de la deuda de Puerto Rico basándose en la decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el caso Sánchez Valle vs. Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

En una decisión 6-2, los jueces del Supremo determinaron que Puerto Rico no tiene soberanía para procesar a una persona por el mismo delito del que ha sido acusado en una corte federal. La decisión reforzó el reclamo hecho por algunos bandos de acreedores de que un Puerto Rico que no es soberano no debe estar comprometido a pagar su deuda.

Por lo tanto, se alega que el proyecto de ley que cortaría nuestro cordón umbilical es una medida preventiva para establecer la soberanía de Puerto Rico de una vez por todas. Al momento de redactar este escrito, se alega que hay representantes de ambos partidos que respaldarían un proyecto de ley como este. No nos creemos ese cuento.

Sí, hay actos supremos de cinismo como el hecho de que el gobernador Alejandro García Padilla haya nombrado a Richard Ravitch para representarlo en la junta de control. García Padilla se apresura a señalar que la experiencia de Ravitch en la reorganización del desorden financiero de la ciudad de Nueva York como ex-vicegobernador de ese estado lo hace merecedor del puesto. A García Padilla no debería escapársele que Ravitch tiene un claro conflicto de intereses porque es parte de la junta de directores de Build America Mutual, una compañía de seguros de bonos que tiene mucho que ganar de cualquier acción que pudiera afectar negativamente la calificación crediticia de las aseguradoras de bonos que poseen unos $16,000 millones en deuda de Puerto Rico. (Ravitch renunció a la junta de Build America Mutual el 6 de septiembre). Aunque los acreedores en el bando de aseguradoras le han dicho a Caribbean Business que le darán una oportunidad a Promesa, el nombramiento de Ravitch da pie a posibles retos a las interpretaciones de la ley.

Los mejores esfuerzos de la administración Obama para convocar una junta repleta de cinismo apuntan a la improbabilidad de que los Estados Unidos le dé la libertad a su colonia. Si querían ayudar a Puerto Rico a crear empleos y ponerse nuevamente de pie, podrían considerar la independencia, pero lo único que quieren es que Puerto Rico pague su deuda. Buena fe y crédito, o nada. Qué triste.

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