Más de dos años sin que atiendan el deterioro de la UPR por el huracán María

Estado de la biblioteca del Recinto de Humacao de la Universidad de Puerto Rico. (Suministrada)

Por Víctor Rodríguez Velázquez

Un recorrido por los once recintos de la Universidad de Puerto Rico
(UPR) termina con un inventario de salones clausurados por hongo, planchas de
zinc sueltas, bibliotecas con funciones a medias, ascensores fuera de servicio
y techos con goteras, daños que 30 meses después del huracán María, todavía
enfrenta la comunidad universitaria.

A la precariedad de la infraestructura, se suma la falta de materiales,
equipo de limpieza, y una lista de trabajos que contratistas privados han
dejado a medias.

Todo lo anterior fue constatado por el Centro de Periodismo
Investigativo (CPI) en visitas hechas entre septiembre y noviembre de este año
a los once campus del sistema universitario público y luego de más de 20
entrevistas a representantes de diversos sectores de la comunidad
universitaria, incluida la administración de la institución. El presidente de
la UPR, Jorge Haddock, no estuvo disponible durante meses para una entrevista
con el CPI.

A dos años del huracán María, la UPR solo ha recibido el 0.41% del
dinero de recuperación solicitado.

Las pérdidas de categorías temporeras en los once recintos y la
Administración Central totalizan $175,799,468 millones, según Carlos Marrero
Miranda, director asociado de finanzas y director de seguros de la UPR. La
Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) añadió que en
mejoras permanentes, la UPR reclamó aproximadamente $805,000,000 millones
adicionales. Al sumar los proyectos de todas las categorías, la institución ha
solicitado unos $980,799,468
millones, según datos
suministrados por FEMA al CPI. De ese estimado, FEMA ha aprobado y
obligado $87,450,149 millones a la UPR correspondientes a las categorías
temporeras (A, B y Z). No obstante, hasta el 16 de diciembre de este año, el COR3 solo ha desembolsado
$3,993,236.

Esta escasez de fondos se suma a la amenaza de más recortes a la UPR
impuestos por la Junta de Control Fiscal (JCF), que suponen la eliminación de
$71 millones para el próximo año fiscal 2020-2021, según el Plan Fiscal de la
institución que aprobó la JCF en junio pasado.

Los representantes de la comunidad universitaria afirman que esta política de recortes redundaría en menos fondos para restaurar los recintos.

“La infraestructura cada vez está peor. Las bibliotecas están dañadas.
Los laboratorios no funcionan y los salones tienen hongos. ¿A dónde llega el
dinero de la matrícula y de FEMA? Porque es más dinero en esas partidas, pero
los recintos cada vez se caen más”, cuestionó Marina Rodríguez, presidenta del
Consejo General de Estudiantes (CGE) del Recinto de Río Piedras. Rodríguez se
refirió al aumento de matrícula que experimentaron los estudiantes en agosto de
2018, cuando se subió el costo del crédito subgraduado de $56 a $115.

Los recintos de Mayagüez, Río Piedras y Humacao fueron los que más daños
y  pérdidas reportaron luego del huracán.
Son, además, los que aún tienen más problemas evidentes en su infraestructura,
según observó el CPI.

El recinto riopedrense, por ejemplo, reportó pérdidas estimadas en
$42,443,025 millones.

Al caminar este campus, sus exteriores exhiben aceras limpias, jardines
recién podados y algunas paredes con pintura fresca. Sin embargo, si se entra a
algún edificio como la biblioteca José M. Lázaro, la escena es otra.

El olor a humedad impacta tan pronto las puertas de cristal se abren.
Todavía caen gotas desde el techo en varios lugares de la biblioteca. En medio
de algunos pasillos, pueden verse zafacones y cubos para recoger el agua.
También hay máquinas deshumificadoras para tratar de mitigar hongos.

A la biblioteca acuden diariamente estudiantes y profesores para
consultas, investigaciones o simplemente para estudiar en un ambiente tranquilo
y lejos del bullicio. Pero hoy día, este lugar apenas funciona.

En el primer piso, la sala de servicios bibliotecarios para personas con
impedimentos está clausurada. Si se mira tras los cristales de sus puertas, no
hay nada dentro. Parece atravesar un proceso de reparación, pero allí no había
nadie el día del recorrido. Solo cables, lámparas y tuberías colgando desde el
techo. A la izquierda de la entrada, una nota en papel lee: “Nos mudamos al
Centro de Estudiantes al lado de OAPI (Oficina de Asuntos Para las Personas con
Impedimentos)” y un número de cuadro telefónico con una extensión. Llamar en
tres ocasiones no rindió fruto.

Al subir al segundo piso de la Lázaro, el panorama es peor. La Sala Zenobia y Juan R. Jiménez,
uno de los centros de investigación más importantes para estudiantes de
Estudios Hispánicos y Literatura, está cerrada. En su interior, los anaqueles
de libros están amontonados. En el techo faltan plafones y la vista alcanza a
contar al menos nueve zafacones para recoger agua. Si se necesitan servicios de
esta sala, un letrero en su puerta manda a los visitantes a acudir a la
Colección Josefina del Toro Fulladosa (Sala de Libros Raros).

Unos pasos más adelante, en
la Colección de las Artes, la situación empeora. Allí sí se ofrecen los
servicios. En el espacio habían cinco estudiantes en mesas y uno en la
recepción. Uno de los alumnos llevaba una máscara cubriendo su nariz y boca. El
olor a humedad se siente fuerte. Al caminar entre sus anaqueles se ven pequeñas
bolsas blancas entre los libros con las que se trata de disminuir el hongo.
Algunas de las estanterías están tapadas con plásticos. En una silla, ubica una
bolsa negra llena de libros con un papel encima que advierte: “libros con
hongo”. Y al fondo, toda una sección completa sin plafones por donde caen gotas
que van a parar a un zafacón mucho más grande color azul. En días de lluvia, la
filtración es mucho más fuerte, advierte la presidenta del Consejo riopedrense.

El director interino de la Oficina de Desarrollo Físico e
Infraestructura de la Administración Central de la UPR, Adrián López Nunci,
alega que esta situación mejorará cuando se arregle el techo de la biblioteca,
pero dijo que todavía no hay una fecha para iniciar esa reparación.

“Hicimos un comité tipo task force
y estamos celebrando reuniones cada 10 días y están participando todos los
bibliotecarios de la Lázaro. Levantamos unas especificaciones para publicar, en
los próximos 15 días, la subasta para arreglar el techo. Continuaremos
reuniéndonos hasta que se termine el trabajo”, explicó el planificador, quien
especificó que la Junta de Subastas de Mejoras Permanentes, publicó la convocatoria el
miércoles, 27 de noviembre.

En jaque
colecciones históricas en UPR Humacao

Una situación similar enfrenta el campus de Humacao con su biblioteca.
Allí, el tercer piso de la estructura que alberga tres salas de colecciones
permanece clausurado desde el 2017. Si se le pregunta a la comunidad
universitaria de la UPR cuál fue el recinto más afectado por María, todos apuntan
hacia Humacao, ubicado en el este de la Isla, por donde entró el huracán. El
ciclón dejó allí pérdidas ascendentes a $36,823,370 millones, una cantidad
significativa si se toma en cuenta que es un campus mucho más pequeño que el de
Río Piedras. Nueve edificios se vieron afectados por los vientos, entre estos,
la biblioteca, el teatro y la cancha. Estos dos últimos, ya se
rehabilitaron. 

Para la presidenta del CGE de Humacao, Alondra Díaz, la biblioteca debió
haber tenido prioridad antes que otras estructuras.

“Estamos funcionando sin un pulmón. Después de María se nos dijo que se
abriría el tercer piso de la biblioteca en marzo [de 2018], luego en mayo, y
nada. Pasó diciembre y nada. Ya estamos en septiembre de 2019 y seguimos en el
vaivén”, lamentó la estudiante de Ciencias Naturales.

Durante el recorrido por el campus de Humacao, el CPI tuvo acceso al
tercer piso de la biblioteca Águedo
Mojica Marrero. En el espacio hay que caminar despacio para no resbalar en
alguno de los charcos de agua que todavía se acumula en días de lluvia. También
hay que estar atento a no quedar enredado en algún cable que se desprende del
techo. A ratos, hay que taparse la nariz para no asfixiarse por el olor a
humedad y hongo.

Además de ser un espacio de
estudios, esta parte de la biblioteca mantiene colecciones históricas únicas
como las que se guardan en el Centro de Documentación Obrera Santiago Iglesias
Pantín. Allí, plásticos cubren las mesas llenas de libros amontonados y una
máquina deshumificadora trata de recoger la humedad. En todas las salas del
tercer piso los conductos de aire están sueltos, los plafones fueron removidos
y los equipos, como computadoras y máquina para sacar copias, están tapadas con
plásticos.

“Si no se atiende este piso,
se van a perder las colecciones. Además, antes los estudiantes tenían más
espacios para estudiar e incluso allí trabajaban algunos compañeros. Ahora por
la limitación cierran más temprano”, sumó Díaz.

Poco se sabe de la
continuidad de trabajos en la biblioteca en Humacao. Este campus se vio
involucrado en una investigación por el mal manejo en los procesos
administrativos para contratación de empresas que ofrecieron servicios tras el
paso del huracán. Los señalamientos provocaron la renuncia del entonces rector
interino, Héctor Ríos Maury, en septiembre de este año, luego de que el CPI revelara una auditoría de la Oficina de Auditoría Interna
(OAI) de la UPR en la que se confirmó la violación de reglamentos y procesos en
la contratación de las empresas Reyes Contractor Group, HOD Investment y West
Security Services.

A pesar de que Ríos Maury
apeló la auditoría y defendió su gestión en la firma de los contratos con estas
empresas, la OAI de la UPR mantiene los hallazgos intactos en su informe
presentado ante la Junta de Gobierno de la institución.

Filtraciones también en el RUM

Al igual que en Río Piedras
y en Humacao, en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) las filtraciones
desde los techos también proliferan y afectan la vida universitaria. El RUM
lidera la lista de pérdidas después de María con un estimado de $43,030,691. En
este caso, las filtraciones más severas no se ubican en la biblioteca, sino en
el edificio de Química.

En los tres pisos de la
estructura faltan plafones en el techo. En los pasillos también aparecen cubos
y zafacones que recogen las goteras que se intensifican siempre en las tardes,
cuando se cumple el consabido presagio de que “en Mayagüez siempre llueve a las
3:00 p.m.”. Esa tarde no fue la excepción.

Maritza Reyna estudia su
doctorado en Química en ese edificio. Contó que los plafones los quitaron “hace
meses”. Para la estudiante, el problema se intensifica en los baños, donde las
goteras aumentan y así, la humedad. Frente a los baños del primer piso un cubo
amarillo recogía una gotera insistente que caía desde el techo. Pero en el tercer
piso no había cubos, sino bandejas de aluminio. Fueron puestas por los
empleados entre las varetas de los plafones y el techo para recoger el agua.
Las puertas de los salones tienen manchas de hongo debido a la lluvia, las
filtraciones y la humedad.

“Los estudiantes están
pidiendo que se revise el edificio de Química para saber si se pueden dar
clases ahí porque las condiciones en las que se encuentra son pésimas y pueden
atentar contra la seguridad y la salud de los estudiantes”, destacó Widalyn Hernández,
representante estudiantil del RUM ante la Junta Universitaria.

Con ella coincidió la
presidenta del CGE de Mayagüez, Génesis Arbelo, quien añadió que este y otros
reclamos se han llevado ante rectoría y el Decanato de Administración desde
2017 y que solo han recibido excusas.

“Todas las quejas se han
llevado ante el rector. Recientemente, tuve una reunión con el Decano de
Administración [Omar Molina] y le pregunté sobre el estatus de los diferentes
edificios y se nos informó que siguen esperando fondos de FEMA”, comentó
Arbelo.

El rector del RUM, Agustín
Rullán, aclaró que los problemas en el edificio de Química existían antes del
paso del huracán María, por lo que entiende que el dinero que se requiere para
la rehabilitación de los techos, ductos de aires y plafones, deberá salir del
fondo para mejoras permanentes de la UPR y no de FEMA.

Reconoció, no obstante, que
la estructura empeoró luego del paso del huracán, por lo que hubo que revisar
el diseño de la remodelación hecho por la firma CMA Architects & Engineers,
lo que provocó atraso en el proceso para convocar a una subasta para los
trabajos.

No será hasta principios del
próximo año cuando se hará pública la subasta. El rector de Mayagüez no pudo
precisar si durante la reconstrucción se trasladarán las clases y laboratorios
a otro lugares dentro del campus. Estimó que los trabajos en este edificio
concluyan a finales del 2020.

Situaciones similares se replican en el resto de los recintos, y afectan
las rutinas de estudio de los alumnos.

Así lo ve Leonardo Rosario, presidente del CGE de Cayey, quien señala
que los espacios que aún no se restauran en los recintos afectan emocionalmente
a los estudiantes.

“Creo que la administración debe estar clara de que moralmente la
comunidad universitaria no está igual. Estamos en un proceso de duelo y
negación con nuestros recintos”, expresó el alumno.

Administración
señala a FEMA y a COR3 por los atrasos

Desde la presidencia de la UPR, la responsabilidad por el atraso en el
proceso de recuperación de los recintos se adjudica a FEMA y a COR3, que no han
desembolsado todos los fondos de recuperación aprobados para 53 proyectos bajo
las categorías A y B y Z de remoción de escombros, protección contra amenaza
inmediata y gastos administrativos, respectivamente.

La administración alega que FEMA falló al aplicar como pareo para las
categorías A y B unos $38 millones que recibió la UPR del seguro que mantenía
con Real Legacy y que pudieron cobrar ant0es de que esta firma se fuera a
quiebra. El seguro era de $100 millones. Según Marrero Miranda, el dinero que
recibió la institución de la compañía de seguros debe ser destinado a mejoras
permanentes y no a mejoras inmediatas.

Aseguró que si FEMA identifica correctamente esos fondos — como le han
solicitado desde marzo de este año — el dinero que ya fue obligado llegaría a
la institución y se reinvertiría en proyectos de mejoras permanentes.

“No sé si por un error administrativo, pero FEMA aplicó lo que recibimos
del seguro a las categorías A y B, que son categorías [para mejoras]
temporeras. Llevamos desde marzo solicitando que mueva ese dinero a la
categoría que le corresponde. Se ha hecho [la petición] a nivel de FEMA y COR3.
Aplicado a la categoría permanente, se pueden liberar esos fondos de las


[categorías]

temporeras”, dijo.

De acuerdo con Marrero Miranda, la UPR no tiene el margen financiero que
le permita usar dinero propio para corregir los daños que faltan. Los fondos de
FEMA se liberan por reembolso.

“La UPR dispuso de casi $8 millones de su fondo institucional para los
daños que había que atender inmediatamente. Esperamos terminar con los
proyectos bajo la categoría B a mediados del 2020. Pero, aunque estamos
haciendo la tasación para empezar con los [proyectos] de mejoras permanentes,
no podemos empezar hasta que FEMA no nos libere todo el dinero que está
obligado”, añadió Carmen Bachier Cintrón, vicepresidenta de recursos externos y
de investigación de la UPR y quien funge como principal enlace entre la
institución y la agencia federal.

FEMA y COR3
se defienden

Juan
Muñoz Torres, director de la Oficina de Asuntos Externos de FEMA en Puerto
Rico, explicó que la agencia no puede aprobar fondos que dupliquen los
beneficios que un solicitante haya recibido, por ejemplo, de una compañía de
seguros. 

Aclaró, sin embargo, que si el
solicitante le presenta a FEMA prueba de la liquidación del seguro, acompañada
de un plan de asignación de ese pago del seguro a las obras de emergencia ya
realizadas, FEMA — tras una revisión de los proyectos — reasignará los fondos
usados en los trabajos de emergencia y los aplicará a los proyectos de mejoras
permanentes del solicitante.

El
funcionario precisó que FEMA aprobó 11 solicitudes de reembolso de trabajos de
mitigación realizados por la UPR y que luego de que FEMA haga su ajuste y COR3
certifique el cumplimiento de las obras, la institución universitaria recibiría
$72.8 millones adicionales en reembolsos.

Por
su parte, el director ejecutivo del COR3, Ottmar Chávez, se distanció de la
pugna al sostener que la agencia que administra no tiene injerencia en el
proceso de ajuste que realiza FEMA con el dinero del seguro de la UPR.

Para
que los fondos obligados por FEMA sean desembolsados por COR3 a la UPR, la
universidad tiene que ajustar el dinero que recibió del seguro para proyectos
de recuperación y reconstrucción, explicó el funcionario. Esos ajustes no
cambian el total de fondos aprobados por FEMA para la UPR, dijo.

Chávez
dijo que el restante del dinero obligado por FEMA a la UPR no ha sido
desembolsado porque la UPR no ha subido todos documentos al Sistema de
Recuperación de Desastre, no han terminado el proceso de emitir la solicitud de
reembolso, no han terminado algún trabajo y porque no han completado el proceso
de recopilación de la información de la facturación de sus respectivos
proveedores de servicios.

Sin
embargo, Bachier aseguró al CPI que la UPR ha cumplido con cada uno de estos
requisitos del COR3 para el proceso de desembolso.

Comunidad
universitaria señala a la falta de prioridades

Para estudiantes, profesores y empleados no docentes, la responsabilidad
de que en los recintos todavía se viva un ambiente post huracán no es solo de
FEMA, sino también de la administración universitaria que no ha dado prioridad
a corregir la infraestructura para que los trabajos curriculares y
extracurriculares se cumplan a cabalidad.

Nueve de los once representantes estudiantiles de la UPR coincidieron en
que la administración ha puesto mayor celeridad en la restauración del edificio
de Administración Central — ubicado en el Jardín Botánico de Río Piedras — a
pesar de que en esa estructura “no se ofrecen servicios directos al
estudiantado”.

“Lo que más sigue afectado son [los problemas en] los edificios en los
que se dan clases. Tú vas a Administración (Central) y todo se ve bello, pero
entra a un salón, a un laboratorio… se pinta como una UPR accesible pero la
calidad no la estamos teniendo. Administración tiene calidad, pero los
estudiantes no”, señaló la presidenta del CGE de Mayagüez.

De los 53 documentos de trabajo de los proyectos (Project Worksheet o
PW, en inglés) aprobados por FEMA hasta el 16 de diciembre de 2019 a la UPR, la
Administración Central se beneficia de cuatro. Mientras que en la categoría de
mejoras permanentes, cinco de los ocho proyectos adscritos a Administración
Central ya están en fase de construcción. Esto contrasta con los once recintos,
donde la mayor parte de los trabajos de mejoras permanentes están en fase de
planificación, diseño o subasta, y pocos bajo las categorías de construcción o
terminados, según un desglose de la Oficina de Desarrollo Físico e Infraestructura
de Administración Central al que el CPI tuvo acceso.

Pero el director interino de la Oficina rechazó que se le dé mayor
atención al edificio donde trabaja el presidente de la UPR.

“Aquí el único trabajo que se le dio celeridad fue una área con asbesto
que por seguridad de los empleados, se encapsuló esa área y se trabajó. Pero
más allá de eso la prioridad es el servicio al estudiante”, dijo el
planificador. No contestó el señalamiento específico de la proporción de
proyectos de la administración central adelantados en comparación con los de
los campus.

Gastos de
administración burlan orden de prioridades

La presidenta de la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (Heend),
Jannell Santana Andino, coincidió con que el atraso en el reembolso de los
fondos de FEMA incide en la lentitud de la recuperación en los recintos de UPR.
Sin embargo, destacó   que la
administración universitaria ha incurrido en gastos exorbitantes que no
armonizan con el discurso de escasez de fondos.  

A modo de ejemplo, Santana Andino mencionó la compra e instalación de un
televisor y sistema de proyección para la oficina de presidencia de la UPR cuyo
costo ascendió a los $26,805.

De acuerdo con la factura de este equipo, en manos
del CPI, el televisor marca TRUTOUCH con sistema 4K de 88 pulgadas y de
pantalla táctil, fue ordenado por el director de compras de Administración
Central, Nelson Quiñones Santiago, el 14 de mayo de 2019 a Audio Visual Concept
en Guaynabo. El televisor, los materiales de instalación y proyección fueron
entregados el 14 de junio de este año y el equipo fue instalado en la oficina
de reuniones del tercer piso de la Administración Central.

“Son lujos innecesarios. El resto del edificio [de Administración
Central] contrasta con las oficinas de presidencia que están totalmente
renovadas. Vas caminando por los pasillos y te encuentras con cubos de agua
para goteras y con manchas en las paredes. Y entonces compran ese televisor
porque la presidencia se está moviendo a disminuir el uso del papel, me dijo el
Presidente en una reunión. Yo le pregunté ‘¿tenía que ser tan grande?’”, relató
Santana Andino.

López Nunci
defendió la adquisición del equipo al indicar que se trata de “una inversión
dirigida a reducir gastos y generar ahorros producto del uso de papel,
traslados o transportación para reuniones, y reducir transacciones y
burocracia, mediante este sistema digital”.

“Es un sistema
que también existe en otras unidades de la institución y que será utilizado por
todas las oficinas adscritas a la Administración Central para beneficio
institucional, como parte del plan de trabajo de mejorar la eficiencia y
productividad administrativa. La administración está impulsando el uso de
herramientas digitales para agilizar los procesos y transacciones, y generar
ahorros. Además, beneficia el medio ambiente”, justificó el director interino
de la Oficina de Desarrollo e Infraestructura.

Pero el vicepresidente de la Heend, José Torres, recalcó en que no hay
concordancia entre los gastos de la Administración Central versus las
necesidades obvias en los campus de la institución.

“Ves como en Administración Central hacen movimientos de gastos de
dinero que no   corresponden con su
misión ministerial. ¿No prefieren estar en una oficina sencilla y mejor darle
esos recursos a los estudiantes?”, cuestionó Torres.

Una opinión similar compartío Adrián Rosario, presidente del CGE de la
UPR en Utuado, quien cuestionó la necesidad de que la Administración Central
otorgara un contrato de $300,000
para publicidad a la agencia Veintinueve de Febrero el pasado 10 de octubre y
cuya vigencia se extenderá hasta el 30 de junio de 2020.

“Es una falta de respeto al pueblo de Puerto Rico que nos tripliquen los
costos de estudio, contemplen cierres y privatizaciones, atropellen los
derechos laborales y destruyan el Sistema de Retiro porque ‘no hay dinero para
financiar la educación pública’”, manifestó el estudiante.

No obstante, López Nunci indicó que no es la primera vez que la
institución cuenta con los servicios de una agencia de publicidad para una
campaña.

“Esta contratación responde a la necesidad de realizar una campaña
institucional de reclutamiento de amplio alcance, entre
otras iniciativas de mercadeo, dirigidas a incrementar el número de
estudiantes de la institución”, argumentó el funcionario.

Por su parte, el presidente de la Asociación Puertorriqueña de
Profesores Universitarios (APPU), Ángel Rodríguez, criticó al Presidente de la
UPR por permitir gastos que no son cónsonos con la misión de una universidad,
cuando los recortes y los daños por María han limitado a la institución en el
fomento de investigaciones académicas.

Precisó que la falta de celeridad en la rehabilitación de espacios, como
las bibliotecas, limita el que los profesores tengan lugares para reuniones o
discusiones de sus investigaciones con colegas o grupos de trabajo. Rodríguez —
que representa a 900 docentes inscritos en la APPU — sostuvo que luego del
huracán, varias bibliotecas han cancelado suscripciones a revistas
especializadas que sirven de material de apoyo para las investigaciones debido
a la falta de fondos.

Empleados de
mantenimiento reclaman materiales

Otra voz que se unió al reclamo de reajuste de prioridades fue el
presidente del Sindicato de Trabajadores, David Muñoz Hernández, que representa
a 1,200 empleados de limpieza y mantenimiento de los once recintos. Dijo que la
actual administración no provee los materiales y equipos necesarios que se
requieren para mantener la infraestructura de los recintos.

Según el líder sindical, el panorama de las mejoras en la UPR se
complica debido a la falta de materiales, la disminución de empleados de
mantenimiento y la falta de adiestramiento para que los que quedan cumplan con
varias funciones.

“No hay materiales de limpieza. No hay trimers, o los camiones no tienen marbete. Aquí no hay con qué
trabajar”, dijo.

Sugirió a la administración universitaria considerar adiestrar a los
empleados en otros oficios a fin de que puedan hacer varias funciones en
momentos de emergencia, como ocurrió con el paso de María.

Muñoz Hernández añadió que luego del huracán, las tareas de
mantenimiento se han atrasado debido a que empleados en los recintos han tenido
que rehacer trabajos de empresas subcontratadas que no se hicieron bien o que
solo fueron remiendos.

“En Humacao, por ejemplo, llevaron gente a trabajar para hacer trabajo
de impermeabilización. Gente que sencillamente no conocen esos procesos, pero
que necesitan trabajar. Hicieron una porquería allí y así sucede en todas las
unidades y los recintos”, advirtió.

Por eso, Muñoz Hernández explicó que el sindicato ha paralizado obras
que se le han delegado a contratistas y que entienden que pueden realizar los
empleados de la UPR.

“Nuestro convenio tiene una disposición que nos permite parar los
trabajos de cualquier contratista que nosotros podamos hacer”, indicó.

Víctor Rodríguez Velázquez es
miembro de Report for America