7 de Diciembre de 2019

[OPINIÓN] El gobernador y su versión torcida de la democracia

Por el 15 de Julio de 2019

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló Nevares. (Suministrada)
El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló Nevares. (Suministrada)

Por Rafelli González

Ya concluido el fin de semana más largo y nefasto de la historia política puertorriqueña moderna, el gobernador Ricardo Rosselló finalmente se expuso al escarnio mediático a través de las ondas radiales de un programa que luce ser afín a sus ideales.

Fue un preludio de la narrativa impuesta por sus múltiples asesores de comunicaciones que le sirvió como barómetro no solo para medir la presión climática de un pueblo que se ha unido para repudiar con contundencia su permanencia en la Mansión Ejecutiva en distintos foros, sino también para intentar justificar las líneas más íntimas que con obstinación persiste en arropar con mantos de secretividad y que por tal razón son tendentes a reflejar sus pensamientos más genuinos sobre su visión de la mayoría de los sectores que componen nuestra sociedad.

Culminada la pantomima y fuera de todo cuestionamiento moral, ético y legal que se continuará llevando a cabo hasta que un nuevo gobernador asuma el poder delegado por el pueblo o heredado por decisiones personales o mecanismos legales, hago un llamado a no permitir que se continúe tergiversando el verdadero significado de la democracia en beneficio de solo unos pocos. Ese concepto es mucho más abarcador de lo que esta administración ha querido proyectar.

Señor gobernador, su versión torcida de la democracia solo contempla el mecanismo del voto para que un país deposite la confianza en sus líderes. Nada más lejos de la verdad. La democracia no se puede contemplar única y exclusivamente desde el crisol político y delictivo, usted debe saber que es un sistema de organización social que incluye mecanismos como la protesta, libertad de expresión, prensa y religión, participación ciudadana y muchos otros derechos que emanan de la Constitución que usted juró defender.

Su razón para continuar al mando del país contiene visos de mendacidad, luce seriamente endeble, a muy pocos convence y a muchos nos ofende. Las mentiras o medias verdades no tienen cabida en el nuevo Puerto Rico que de manera atropellada nos tocó la puerta y que, con paso lento pero aplastante, lo estamos dejando entrar.

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