18 de Junio de 2019

Paro nacional: entre indignación, gas pimienta, cristales rotos y gas lacrimógeno

Por el 3 de Mayo de 2017

Las primeras gotas de mayo para la buena suerte, como dice un refrán puertorriqueño, era lo menos que importaba cuando inició este mes. El pasado 1ro de mayo, aunque la lluvia no faltó, fue el primer Día Internacional de los Trabajadores que los puertorriqueños conmemoraron con menos derechos, rompiendo cristales y escapando del gas lacrimógeno.

El día del Paro Nacional empezó movido: Colectiva Feminista en Construcción despertó poco antes de las 5:00 de la mañana al gobernador Ricardo Rosselló con un “cacerolazo” en La Fortaleza, donde la Policía lanzó la primera dosis de gas pimienta a los manifestantes para alejarlos del portón principal de la Mansión Ejecutiva. Momentos después, manifestantes bloquearon los accesos del Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín, lo cual provocó molestias entre los viajeros.

En ambos casos, las protestas eran contra la junta de control fiscal y las medidas de austeridad del gobierno y a favor de la auditoría de la deuda, luego de que Rosselló eliminara la Comisión de Auditoría Integral del Crédito Público.

No eran estas las protestas esperadas, sino el Paro Nacional convocado por una treintena de sindicatos y organizaciones multisectoriales, que a eso de las 10:00 de la mañana marcharon de cinco puntos distintos para encontrarse precisamente frente a las oficinas de la junta de control fiscal, en el edificio Seaborne o World Plaza, en Hato Rey.

Las agencias y corporaciones públicas “están paralizadas”, afirmó el líder sindical Pedro Irene Maymí. Sin embargo, otra era la historia que contaba el secretario de Asuntos Públicos, Ramón Rosario, desde La Fortaleza. “Faltaron empleados clave” en la Autoridad Metropolitana de Autobuses y en el servicio de lanchas de Cataño, pero el gobierno operó “con normalidad”, aseguró, Rosario, restando importancia a la masiva movilización en la Milla de Oro.

Al mediodía, con todos los manifestantes en la avenida Muñoz Rivera y áreas circundantes, el cantautor René Pérez, conocido como Residente, expresó su solidaridad con el Paro Nacional y lanzó críticas contra la junta de control fiscal. “Estoy seguro que lo que está pasando es totalmente injusto, quitarle toda esa cantidad de dinero a la UPR, que es el alma del país, porque la juventud es el alma del país”, afirmó Pérez, cuya razón primordial para asistir al evento fueron los estudiantes, dijo.

La tranquilidad entre los miles de manifestantes duró poco, pues en un confuso evento un grupo de policías se introdujo al corazón de la manifestación y fueron recibidos a pedradas y botellazos, según el agente Lucas Avilés.

[VIDEO] Crónica de un paro nacional que culminó en reyerta

“Tengan cuidado que hay un pelotón de policías que vienen hacia la multitud. Por favor, por favor, vamos, la prensa. ¿Dónde están los periodistas, los fotógrafos? Atentos, atentos, que no queremos nada aquí, no queremos que esto se opaque con la confrontación. Nos están provocando y no podemos responder con provocación”, advirtió desde la tarima la animadora del evento, Milly Gil, previo a que ocurriera el encontronazo.

“No sé quién sacó el gas pimienta. Inició allá [entre los manifestantes]. Vinieron a tirarnos piedras y botellas. Por eso reaccionamos [lanzando gas pimienta]”, detalló el agente Avilés sobre la segunda dosis de gas pimienta del día.

Aunque los policías echaron hacia atrás en medio de lloviznas, los ánimos continuaron caldeados, al punto de que negociadores intervenían entre la Uniformada y los manifestantes, pues ninguno quería ceder. Cinco pasos para atrás cada grupo, determinaron los negociadores. Media hora después, ese grupo de policías decidió echarse a un lado —moviéndose de la avenida Muñoz Rivera a la Chardón— lo cual fue celebrado por los manifestantes, mientras en la tarima principal del evento culminaban las presentaciones artísticas.

  • Manifestante se interpone entre la multitud y los oficiales en un intento por evitar confrontaciones. (Limarys Suárez/CB)

No somos un pueblo sumiso ante las injusticias”, afirmaron en la tarima. “De norte a sur, de este a oeste, esta lucha sigue, cueste lo que cueste”, gritaron otros.

Mientras muchos abandonaban el paro, un grupo —en su mayoría con capuchas— comenzó a lanzar piedras contra el edificio de UBS y el Popular Center, el cual luego recibió batazos y hasta bolas de humo. En la movilización a la avenida Ponce de León durante los actos de vandalismo es cuando los manifestantes se percatan que lo que pareció inicialmente un acto de condescendencia de los policías era más bien una encrucijada: los tenían rodeados.

Un grupo de oficiales venía alineado desde la avenida Ponce de León y, mientras avanzaban con macanas en mano, dispararon la primera dosis de gas lacrimógeno, provocando un corre y corre que solo desembocaba a la avenida Muñoz Rivera, donde estaba la tarima. Mientras compartíamos las cientos de botellas con solución Seattle con los manifestantes, se volvieron a alinear los dos bandos nuevamente, frente a frente, en la avenida Muñoz Rivera.

“¿Estás bien?”, era la pregunta más recurrente, pese a que muchos eran desconocidos. “Lucha sí, entrega no”, “Nosotros somos más”, gritaban otros. Volvió a sonar la batucada, al tiempo que muchos se sentaban y colocaban las vallas de seguridad frente a ellos.

No se desesperen que aquí no ha ocurrido nada. Respire suave”, dijo el líder socialista Scott Barbés, que se mantuvo dirigiendo el grupo el resto de la tarde.

“Se fue el efecto del gas”, “Estamos listos para el segundo ‘round’”, gritaron otros, hasta que llegó la segunda ronda de gas lacrimógeno, que provocó que los manifestantes —menos de la mitad de los que llegó al paro— corrieran de la Policía nuevamente, esta vez dirigiéndose a la intersección de la avenida Roosevelt con la Muñoz Rivera.

Otra encrucijada, más gases lacrimógenos, los lanzamientos duraron al menos una hora. Los manifestantes corrían, pero no querían ceder. Seguían cantando y tocando, mientras más gases, más cantaban y eso fortalecía los aires de guerra. Los más osados recogían los envases con el gas y los devolvían a los policías, que estaban protegidos con máscaras.

No te quites, Puerto Rico, que esto no se acaba aquí”, “No nos pararán”, cantaban mientras la lluvia volvía.

Más solución Seattle, ahora los que quedaban intentaban mantenerse unidos retrocediendo poco a poco a través de la avenida Roosevelt, la cual dejaron repleta de grafitis y piedras para obstruir el paso.

Felicidades por la jornada maravillosa. Manténganse pendientes a las convocatorias. Hoy es el principio”, dijo Barbés pasadas las 4:00 de la tarde. Minutos después, los manifestantes fueron casi escoltados hasta la UPR a través de las avenidas César González y Piñero.

Al menos cinco banderas de Estados Unidos quemadas, siete manifestantes arrestados ese día —cifra que aumentó a una veintena el día después— seis policías heridos, 42 personas y organizaciones demandadas por el Banco Popular por los daños al edificio e indeterminado el número de afectados por gas lacrimógeno y objetos voladores.

Nuestra paciencia y tolerancia llegaron a su límite razonable”, sentenció el gobernador, que dio la orden de intervención de los oficiales por ser “el comandante en jefe de la Policía”. Tras condenar que los actos de libertad de expresión culminaran en “un acto criminal”, Rosselló adelantó que radicarán cargos “a nivel local y federal” y culpó a los organizadores del evento por la forma en que culminó el paro.

“Los sindicatos y las demás organizaciones no avalamos las acciones de violencia. Nuestra manifestación fue pacífica y exitosa, extremadamente organizada”, reaccionó el presidente de la Federación de Trabajadores de Puerto Rico (FTPR), José Báez. “El gobernador pretende desvirtuar el éxito de la actividad y de la participación masiva del pueblo que representa un rechazo a sus políticas y las de la junta”, añadió.

Encapucharse para protestar no es un delito, pero podría serlo

En la noche escampó. Disipado el gas lacrimógeno, quedaba por verse lo que ocurriría con la finalización del “stay” de Promesa y si se activaría el Capítulo III de dicha ley federal.

“Se siente, se siente, se siente la presión. Estamos en la calle haciendo revolución”.

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